sábado, julio 14, 2007

Perdidos En Berlín

Hace treinta años David Bowie, con la ayuda de Robert Fripp, Brian Eno e Iggy Pop, lanzaba desde Berlín una trilogía de discos que se convertirían en pieza fundamental para la historia de la música, debido a que estos iban a ser el eslabón entre el krautrock netamente alemán y la experimentación internacional, logrando así los primeros ejemplos del synth rock, electro pop, música ambiental e incluso rock industrial a finales de los setenta.

Pero ¿Por qué Berlín? ¿Qué tiene de bueno una ciudad que marca la división física de las dos potencias enfrentadas en aquel tiempo? Para David Bowie e Iggy Pop la respuesta era simple: encontrar tranquilidad, escapar de los excesos y trabajar a pleno en un nuevo disco. De hecho, Iggy lanzó su primer disco solista The Idiot en Berlin, y luego el Lust For Life, siendo también participe y testigo de lo que hicieran Eno, Fripp y Bowie juntos. Por su parte, Eno y Fripp fueron allá en búsqueda del característico sonido que era producido en Alemania por entonces (krautrock), para experimentar con él y así poder exportarlo al resto del mundo.

David Bowie huyó de Los Angeles porque se encontraba en una situación terrible. Su adicción a la cocaína lo consumía y estaba a punto de separarse de su esposa, finalmente la fama lo había hastiado. David comprobaba en carne propia que estar bajo los reflectores puede acabar con una vida fácilmente. "No le desearía la fama ni a mi peor enemigo”, diría mucho después. La condición limítrofe de Berlín dispararía en él otros apetitos.

Así es como el Duque Blanco comenzó su éxodo. Primero pasó una breve temporada en Suiza, y luego en Francia, en desintoxicación creativa y trabajando en lo que sería la primera mitad del Low. La otra mitad la concluiría en Berlín, con la participación de Eno y con la producción de Tony Visconti, mente maestra tras la producción de la Trilogía de Berlín.

Para 1977, Alemania, Berlín y el mundo, se encontraban divididos en dos. El alguna vez país de floreciente arte había dejado de existir hace mucho y la misma nación era casi ilusoria en su existencia. La mayoría de sus pensadores y artistas habían emigrado o pasado a mejor vida, y el esplendor de mentes como Jung, Lang, Benjamin o Bretch se vio opacado por la nube de muerte y destrucción que azotó a la Europa de posguerra.

Pero, a pesar de las adversidades causadas por la Cortina de Hierro, comenzaban a erguirse nuevos movimientos artísticos en el país. A principios de los sesenta Alemania volvía a estar a la vanguardia, esta vez gracias a los sintetizadores. La música electrónica daba sus primeros pasos. Junto con esta, el krautrock ganaba renombre, siendo únicamente Alemania el lugar donde se daba esta mezcla entre sonidos sintetizados en una máquina y rock de avanzada, mezclados en una poderosa conjunción amorfa, que a la larga iba a ser fundamental para el rock en los siguientes treinta años. Quizás tal cosa solamente era posible en Berlín.

Es por eso que “hipnotizados” por ese sonido, Brian Eno y Robert Fripp viajaron hasta Alemania para buscar a los productores de bandas como Can, Kraftwerk Neu! o Popol Vuh, para trabajar con ellos y así “aprender” a lograr esa mezcla perfecta entre rock y electrónica. Desafortunadamente ningún productor accedió a trabajar con ellos y los geniales ingleses terminaron desahuciados, librados a su suerte.

Mientras todas las puertas se les cerraban para Eno y Fripp, Bowie se encontraba extasiado de estar en un lugar como Berlín. La presión, los excesos y la fama se habían quedado en Los Angeles. Aquí David frecuentaba galerías de arte y bares, disfrutaba de la arquitectura y la moda, además que pintaba y componía como no lo había hecho en años. David Bowie debía terminar el disco que dejó incompleto en Francia, su excesiva creatividad lo demandaba. El encuentro con el dúo de ingleses fue una fortuita y feliz coincidencia espaciotemporal.

La primera parte de la trilogía berlinesa fue el Low (lanzado en enero del 77), demostrando la experimentación que Eno y Bowie abrazaban. El disco es un “subibaja” en franca búsqueda de nuevos sonidos, que van desde las guitarras angulares de “Be my wife” hasta el brutal paisajismo minimalista de “Warszawa”.

Este disco fue producido –al igual que el resto de la trilogía- por Tony Visconti. Los trazos más pop y rítmicos se deben a él, mientras la ambientalidad acongojante corre a cargo de los teclados y arreglos de Brian Eno. La técnica de grabación desarrollada por el equipo fue muy avanzada y singular. Ritmos procesados por máquinas alienantes, bases minimalistas llevadas al extremo, la ausencia de voces cuando parecerían indispensables, etc. Entre el uso de umbrales de sonido – con tres micrófonos instalados uno más lejos del otro, contra una pared, activados a distintos volúmenes de registro cada uno y todos en secuencia, creando así una reverberación natural y amplísima – o la composición disociativa que emplearon en las letras, probarían estar muy por delante de otros músicos.

Para la segunda parte, el disco Heroes de finales del 77, se uniría a la grabación Robert Fripp, quien aportó con las bases de guitarra y las consabidas frippertronics. Este álbum quizás representa la máxima conjunción entre guitarra y sintetizador. Un ejemplo “ilustrado” de ello es el tema “Heroes”, que cuenta con un recordadísimo y épico riff de guitarra reverberante de Fripp, las bases de sintetizador de Eno como ecos infinitos rebotando contra un muro y la afectada voz –adulterada con la formula de los micrófonos triples- de Bowie. Además, el Heroes quedaba como la muestra de un nuevo sonido arduamente trabajado por todos los que se vieron envueltos en la grabación, representando mejor que ningún otro disco el espíritu que impulsó esta colaboración.

El Lodger (1982), última pieza de la trilogía, contó nuevamente con la participación de Eno y con la producción de Visconti. Aunque el disco ya no era tan “alemán” como sus antecesores, porque algunas partes del mismo fueron grabadas en Suiza y Nueva York, y se noten los 5 años transcurridos respecto a los otros dos, el Lodger cierra la trilogía con notas similarmente llamativas. Con este trabajo Bowie concluía su colaboración con Eno y Visconti, abandonando también su extrañamiento curativo, pues con la nueva década el gran camaleón apuntaba hacia el new wave con gran olfato, retornando al ojo público.

Al final de la estadía, cual en didáctica historia, todos habían aprendido algo nuevo y era hora de retornar a los caminos particulares; aunque siempre quedaba la experiencia de haberse encontrado con un sonido y una nueva manera producir los discos en un pequeño estudio, a pocos pasos de un puesto de guardias rusos que controlaban el ingreso al otro lado de la ciudad, a la sombra del Muro. El exilio había resultado muy favorable a Bowie, quien no había podido encontrase consigo mismo en Los Angeles, rodeado de tantas distracciones. Una estadía en el lugar más triste y socialmente golpeado por las circunstancias políticas del momento – exceptuando la Inglaterra del albor punk – había servido de inspiración para un genio que se encontró casualmente con otros genios y que juntos grabaron quizás los discos más importantes de los setenta, todo esto ante la sombra de un muro que comenzaba a caer.


13 comentarios:

adrián dijo...

"Low" es para mi el mejor de esta "trilogía de Berlín", sin duda... puede sonar cuadrado pero me quedo con al etapa glam de "Ziggy"....
¿escucahron el Kid A de Radiohead?...

We can be heroes, just for one day... larga vida al duque blanco

Anónimo dijo...

La hinchada de Lou Reed empieza a enojarse.
¿Cómo hablar de Berlin y el rock setentón sin mencionar a Lou?

Rodrigo dijo...

Buen artículo, Luis, dan ganas de conseguirse todos los albumes y escuchar con mucho cuidaaaado. ¿Los tienen ustedes? Podríamos estar arreglando un 'prestamo'.

salu'.
Ro.

Anónimo dijo...

No sé, Ro. Luis es muy convincente, pero a mí el Bowie nunca me ha dicho mucho. Su leyenda es impresionante, al igual que el culto que su figura genera, sobre todo en las európidas, pero su música...
Me gusta más de actor, la verdad. Ese vampiro que le hace cositas vampiricas a la Deneuve es uno de mis mayores héroes, todo un role model. Ah, quién pudiera hacerle cositas a la Deneuve, ah (entonces y ahora, quiero decir: es que esa mujer ha hecho del envejecer una art form: nadie envejece, ni ha envejecido jamás, como ella).

Un murciegalo

PS. Una perplejitud: ¿qué tiene que ver Kid A con el glam? Realmente, exijo una explicación. Seamos serios, Adrián.

Javier Rodríguez dijo...

El "Berlin" de Reed no tiene que ver con este paso por Berlín de los cuatro fantásticos por tierras germanas. (el cuarto, sumado a los de la foto de arriba, no es otro que Tony Visconti.

Y "murciélago", no puedo menos que sumarme a tus deseos vampíricos. Deneuve efectivamente ha institucionalizado el envejecer como su máximo arte interpretativo. Si me pongo a pensar en otra adherente a esta escuela, quizás Helen Mirren o hasta Diane Keaton, pero habría que sopesar decrepitud, gracia natural y horas de quirófano. Lánzote una pregunta, ¿Deneuve en "Indochine", en "Belle de Jour" (u otra de Buñuel) o "Dancer in the dark"?

Oye vampiro. Bowie es un buen actor, Reed no tanto e Iggy anda por ahí. ¿No te pareció un poco blando el Poncio de Bowie en "Last Temptation"?, De acuerdo que su Tesla o su personaje en Laberinto eran más dables a la evaluación, pero me quedo con su Warhol en Basquiat.

Del "Kid A", de glam no tiene nada, pero podemos estirarnos hasta encontrar una expresión de alienación común, hecha en uno y otro caso exploración dadaista de las "fronteras" de la música y el ser. Al final la música es una categoría de la percepción. Peeeero, bueno.

Un gran saludo y al murciélago se le reconoce por las alas.

Javier

Anónimo dijo...

Esas tres opciones de pelis que me das me dejan en una encrucijada terrible. Después de pensarlo un poco, y hasta un mucho, me rindo, no puedo elegir.
Es que, justamente, ahí, en esa imposibilidad de elegir, es donde reside la fascinación con/por el Caso Deneuve: Ella siempre está bien, albricias, aleluya, wiskatatay.
Entre nos, pocas veces he odiado tanto a alguien como a se tipo que se pone mimoson con ella en Indochina.

Lo que sí atino a decir es que tal vez me gustaba añadir una cuarta peli: Pola X. Y hasta una quinta: 8 Femmes (que es bastante neuve, perdón, quise decir nueva). Y vaya qué ocho femmes que se alistan acá: además de la que te jedi, está la Béjart, está la Huppert. Y otras cinco french fries de ese vuelo. O, por qué no, una sexta: Les parapluies de Cherbourg.

Me deja mirando p’al techo tu mención doble a la Keaton y la Mirren. Es que yo habría dicho lo mismo, si no te me adelantás (“algo, que no se llama el azar, rige estas cosas” escribió Borges). Sobre todo, Diane, ese irredento y viejo amor de pantalla (¿la viste no hace mucho, con Nicholson, en Something’s Gotta Give? ¡Pero si hasta nos regala un desnudo frontal! Ah, si no la has visto, y te cruzas con el DVD por ahí, no te pierdas, en el material extra, a Nicholson, en un karaoke, cantando, en francés, “La vie en rose”).
¿Y supiste lo último de la Mirren? Hará un mes o algo así, her gracious majesty la invitó a tomar el té, a Westminster [a la Mirren]. Y Helen, vía su agente, respondió que gracias, muy amable, her highness, pero que ese día ella (Mirren) iba a estar ocupada.

Volviendo al tema, a lo que vos mencionas de la gracia, a la levedad del talle y algún que otro detalle. He ahí un detalle clave, claro. Pero con Deneuve el asunto mayor, creo, es la clase. Una mujer pude fingir cualquier cosa, desde un orgasmo hasta ser hincha del Aurora, pero no puede fingir que tiene clase [o, como en el caso de Deneuve en Dancer in the dark, fingir no tenerla]. Ocurre que al lado de Ella, todas las hollywoodenses “actrices” se nos revelan en su irreductible palurdez, en todo su intrínseco provincianismo. Sharon Stone frente a Deneuve, la Roberts frente a Deneuve. Ja, si de sólo imaginar el cuadro uno se pone a temblar de risa (Scarlett quedaría ridiculizada más allá de toda redención, por ejplo). La Keaton podría pararse ante Ella sin drama, pero mucho me temo que habría que asesorarla un poco en cuestiones de vestuario. La Kidman no lo haría mal, no del todo, y no es casual que siendo Nicole tan hollywoodense como Angelina o Sarandon, no sea norteamericanien.

Sipiripi, Bowie transfigurado en Warhol es pasmoso. Basquiat es un peliculón (alguien hace un cover de “It’s all over now, baby blue” que es para mearse). Este Bowie es una suerte de Zelig, no? Tal vez ahí este el secreto del duque blanco. No sé si me resulta tan blandengue su Pilatos, no lo tengo muy claro, la verdad.
¿Y qué me dices de lo que hace Bowie en The man who fell to Earth? No hay otra palabra que uncanny para calificar eso.

Por último, qué decir, querido embalsamista de musas, de las alas del murciégalo (así decíamos de chicos, allá lejos y hace tiempo). El vuelo excede al ala y al ave, dicen por ahí.

(Lindo asunto para un post: la fascinación vampírica y la middle age crisis (¿van juntas, no ve?). Y ya entrando en ese post aún en ciernes, ¿has visto Vampiros en La Habana, de ese poeta de la animación que es Juan Padrón?).

El guámpiro

Anónimo dijo...

COn respecto a Iggy Pop, creo que el no tiene ningún aporte, de hecho no hizo nada en la Trilogia de Berlin de Bowie, David solo se lo llevo a Berlin para sacarlo de las drogas y llevarlo adelante en lo musical, por ello Bowie co-escribio y produjo los unicos dos discos notables de la carrera de Pop, The Idiot y Lust For Life. Con respecto a lo que tanto se habla de Lou, él no es un personaje notable en los 70s, el unico disco de calidad que tiene es el Transformer de 1972, que fue producido por David Bowie, y quiza Berlin, que nada tiene que ver con la trilogia de Berlin de Bowie, el verdadero valor de Lou esta en los 60, con The Velvet Underground, el album homonimo con Nico y White Light/White Heat, con su amigo John Cale.

Robert Fripp ademas comienza a participar en Heroes y Lodger.


Bueno eso queria decirles a los que leen, gracias por la reseña de este blog, para que la gente conozca estas tres joyas, me parece notable el comentario sobre que son el eslabon entre el krautrock aleman y todo lo ke es el synth pop, new wave y el industrial. Son una piedra de tope.


El Kid A de Radiohead esta directamente inspirado, yo a veces digo que copiado, del Low y del Heroes, sobre todo de LOW por lo ezquizofrenico de las letras y el sonido depresivo de lo musical, y claro la experimentacion con la electronica. KID A es un low de los 90.


bueno disculpen mi redaccion mediocre pero lo hice muy a la rapida.


escuhen mas Bowie, bye bye



ratonmagico@hotmail.com

Anónimo dijo...

Creo que la trilogía de Berlín es una de las cúspides de la música. Creo que esta etapa es superior, incluso, al glam que Bowie llevó hasta el Olimpo. Creo que Kid A tiene mucho que ver con el Low (por el sonido rupturista y vanguardista) salvo que el Low, para la época que fue concebida, fue mucho más innovador (aunque no hay que olvidar los trabajos previos de los alemanes en la música electrónica).
Si Bowie fue vampiro. Sí. Fue un oportunista,pero el más notable oportunista del rock. Tiene un sitial asegurado entre los más grandes, que dicho sea de paso comparte con el gran Lou Reed (aunque me quedo con sus discos con la Velvet).

MC dijo...

buen articulo, pero lodger es del 79, no pasan 5 años de diferencia....

Anónimo dijo...

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