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martes, julio 24, 2007

Especial Monterey International Pop Festival 1967 - 2007



Celebrando el “Verano del Amor” (en estas latitudes atravesamos quizás la parte más cruda del invierno, pero es un decir festivo), aprovechamos para conmemorar este gran acontecimiento, sintiéndonos acaso un poco hippies y conectados con este movimiento, iniciamos una serie de homenajes a este acontecimiento cultural que se ha convertido en verdadero quiebre paradigmatico en lo que se refiere a la música en el siglo XX, a los movimientos contraculturales (y luego la cultura pop) e incluso abriendo el camino a los jóvenes como actores socio-culturales (cosa que todavía intentamos ser hoy).

En un nuevo "crossover" con La Ramona, el suplemento cultural del periódico Opinión de Cochabamba y el programa radial "La Música Que Escuchan Todos", comenzamos esta serie de artículos, que irán extendiéndose en el tiempo hasta el 21 de Septiembre, cuando celebrando la primavera austral y también recordando el Verano del Amor, ya de manera directa y cerrando esta serie de homenajes (planeamos siete ejes temáticos, pero estamos abiertos a sugerencias), tendremos un nuevo "gran especial", mientras tanto artículos cortos varios servirán de "Hoja de Ruta" en este fascinante viaje al pasado.

Pero ahora, además de recordar con un par de artículos el Monterey International Pop Festival, podrá escuchar una hora con lo mejor del Monterey Pop en el programa que le dedicamos en “La música que escuchan todos” (aquí), leer otros textos complementarios y de apoyo en la web de la Ramona o escuchar una selección condensada con lo mejor del Festival, haciendo clic en los enlaces de abajo, enfocados básicamente en cada una de las tres jornadas, con galerías de media hora que podrá escuchar mientras lee o descargar a su ordenador. (Los archivos tienen un tamaño promedio de 25 Megas, que no es mucho para 128 kbps y cerca de 45 minutos cada archivo).

Jornada 1: Viernes por la noche – Sábado por la tarde

Viernes
The Association – “Windy”
Lou Rawls – “Love is a hurtin’ thing”
Lou Rawls – “Dead end street”
Eric Burdon & The Animals – “San Franciscan Nights”

Sábado
Canned Heat – “Rollin’ and Tumblin’ ”
Canned Heat – “Bullfrog Blues”
Country Joe & The Fish – “Not so sweet Martha Lorraine”
Big Brother & The Holding Company – “Down on me”
The Butterfield Blues Band – “Look Over Yonder Walls”
The Steve Miller Band – “Mercury Blues”
The Electric Flag – “Groovin’ is easy”
The Electric Flag – “Wine”
Escuche en vivo mientras lee (aquí)
Bájese el archivo (aquí)

Jornada 2: Sábado por la noche – Domingo por la tarde

Sábado
Hugh Masekela – “Bajabula Jonke (Healing Song)”
The Byrds – “Renaissance Fair”
The Byrds – “Hey Joe”
The Byrds – “So you wanna be a rock’n’roll star?”
The Blues Project – “The Flute Thing”
Jefferson Airplane – “Somebody to love”
Jefferson Airplane – “The other side of this life”
Booker T & The MG’s – “Booker-Loo”
Booker T & The MG’s – “Hip Hugh-Her”
Otis Redding – “Shake”
Otis Redding – “Satisfaction”

Domingo
Ravi Shankar – “Dhun: Fat Teenthal”

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Jornada 3: Domingo por la noche

The Who – “Happy Jack”
The Who – “Summertime Blues”
The Who – “My Generation”
The Jimi Hendrix Experience – “Killing Floor Blues”
The Jimi Hendrix Experience – “Purple Haze”
The Jimi Hendrix Experience – “Like a Rolling Stone”
The Jimi Hendrix Experience – “Can you see me?”
The Mamas & The Papas – “Straight Shooter”
The Mamas & The Papas – “California Dreamin’ ”
The Mamas & The Papas – “Monday, Monday”
Scott McKenzie – “San Francisco (Be sure to wear flowers in your hair)”
The Mamas & The Papas – “Dancing in the streets”


Escuche en vivo mientras lee (aquí)

Bájese el archivo (aquí)
Una hora con lo mejor del "Monterey International Pop Festival" en La Música Que Escuchan Todos.
Escuche en vivo mientras lee (aquí)

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La consagración de la primavera


Hace algo más de cuarenta años en el campo de Monterey, California, amanecía distinto. No solamente a causa de la infinitamente menor cantidad de polución ambiental, sino a un año en el que una puerta cósmica se derribó, en el que los hippies creyeron que podían hacer realidad todo lo que imaginasen, un año en el que la música que trasformó al mundo se estaba también ella transformado. Comenzaba el Flower Power, la psicodelia se apoderaba del mundo, amanecía el Verano del Amor.

Si se considera el lanzamiento del Sgt. Pepper’s de los Beatles como el inicio “oficial” de esta era, un evento concurrente y que ocurrió apenas semanas después fue el Monterey International Pop Festival, el primer gran concierto de rock de la historia, celebrado entre el 16 y el 18 de junio de 1967 y que reunió a las mayores estrellas de esos días, sentando las bases para futuros eventos multitudinarios, de varios días de duración y con la participación de gran cantidad de artistas, de los más diversos géneros musicales. Si bien es cierto que otros festivales como el de Woodstock opacan al de Monterey en la memoria popular, éste fue el primero y más significativo histórica y culturalmente, además de representar efectivamente los ideales del Flower Power, ya cooptados para 1969 – año en que se realizó Woodstock.

En 1967 el rock ya había “madurado” y se consolidaba como una expresión artística a tomar en cuenta. Lo que comenzara como una moda bailable acaudillada por Elvis o Bill Haley, y que aparentaba ser pasajera, peleaba al cerrar su primera década de vida con el jazz por la posta de la vanguardia musical. Así fue que, si el jazz, el folk y el blues tenían acogida en festivales de renombre como el de Newport, era hora de que la música popular pudiese también participar en este tipo de eventos. La anunciación se había dado con el – cuando menos legendario – arranque “eléctrico” de Bob Dylan en el Newport Folk Festival de 1965; con un 1966 lleno de obras maestras de la música popular, pues 1967 tenía que ser el año de la consagración definitiva del rock como lenguaje universal de esta revolución. (Nótese que nos concentraremos en la música psicodélica, el rock ácido y el florido sonido californiano antes que en otros movimientos temporalmente paralelos, mas divergentes en lo musical)

Si bien el Monterey Pop comenzó a gestarse como algo corporativo, inspirado en el pequeño Festival de Jazz de Monterey, apuntando a un concierto "común y corriente", en el que The Mamas & The Papas serían el acto principal de un ensamble rockero nada fuera de lo común, al presentársele la propuesta a los músicos, estos decidieron “comprar la idea” y se apoderaron del Festival. Tenían una visión mucho más amplia e interesante. John Phillips, líder de la banda, contactó a su productor Lou Adler y con este se unieron a Derek Taylor –publicista de los Beatles– para diseñar el concepto. Sería un gran concierto, internacional, gratuito y de beneficencia, a realizarse en la pequeña ciudad de Monterey. Sonaba imposible, pero en el Verano del Amor pocas cosas lo eran, y lo que deseaban los músicos era tomar control de la brújula de la música popular, que había sido dejada girando por el efecto Sgt. Pepper’s y que tocaba ahora a ellos reorientar.

Así fue que se sumaron al comité organizador celebridades como Andrew Loog Oldham, Donovan, Mick Jagger, Paul McCartney, Roger McGuinn, Johnny Rivers, Paul Simon, Brian Wilson, Smokey Robinson y algunos otros individuos poco menos famosos, que harían de financiadores del evento. John Phillips y este directorio se encargarían también de elegir cuidadosamente a los músicos participantes, juntando a artistas de la bahía californiana con los del sur del estado – por entonces recelosos unos de los otros, si no enfrentados - más algunos invitados ingleses y hasta un par de embajadores de Africa y la India. Con gran tino se apostó por músicos de diversos estilos, también emparejando en la cartelera a grandes nombres con debutantes, muchos de los cuales se ganaron importantes contratos discográficos o vieron su carrera dispararse tras su presentación al “gran público” desde el escenario del Monterey Pop. Queda la anécdota que, eligiéndose los músicos que participarían en el concierto, Jimi Hendrix, a la postre rey histórico del festival, fue incluido sólo tras mucha insistencia de Paul McCartney y bajo la “garantía” del notorio Pete Towhnsend. No imaginamos cómo se recordaría a este Festival de haberse apostado "a lo seguro", eliminando así la posibilidad de contar con actuaciones que definieron las carreras de ídolos del sesenta - caso Hendrix o Joplin.

Entre los grandes ausentes –para ver a los ilustres participantes refiérase al recuadro que aparece más arriba– estaban los Beatles (retirados de las giras desde 1966), los Stones (con sus visas canceladas por problemas con las drogas y la ley), Captain Beefheart (declinaron la invitación ante las dudas de su guitarrista Ry Cooder, que no sentía preparada a la banda), Bob Dylan (convaleciente y recluido luego de un casi mortal “accidente”, aunque grababa sus excelentes Basement Tapes, el bardo andaba ya en otras cosas por aquellos días, pensando más en madera que en mercurio) y los Beach Boys (que cancelaron inexplicablemente su asistencia a último momento, entre pugnas internas por la desastrosa grabación del SMiLE, enfrentados internamente con su líder y co-organizador del evento Brian Wilson o incluso distanciados y temerosos de la reacción del público ante una banda considerada “demasiado pop”, viejos interpretes de un surf rock poco amigable a oídos hippies). Pero esto no era algo que se pudiese lamentar, pues facilitó la emergencia de grandes bandas y artistas como The Who o la misma Janis Joplin, como hemos dicho.

El impresionante despliegue logístico que se realizó para el evento (¿cosa rara proviniendo de un puñado de hippies?) aseguró su éxito, pues además de tratar a los artistas con gran dedicación (por primera vez se ocupó la organización de proveerles alojamiento, transporte al evento, alimentación y otras comodidades), se dispuso también una curatoría de arte a cargo de Tom Wilkes (diseñador del afiche que nos sirve de portada) para poder fomentar otras expresiones artísticas en predios del evento, se habilitaron también servicios médicos para evitar “accidentes con las sustancias” y hasta el sonido instalado en el descampado era lo más avanzado que existía en esos días. Recordemos que este fue el primer concierto en ser filmado como un documental, tarea que correspondió al notable D.A. Pennebaker, gracias a lo que contamos hoy con abundantes registros fílmicos y sonográficos - y de gran calidad - del evento. Cuesta creer que la entrada nominal haya sido de un dólar, y que los músicos hayan tocado gratis – exceptuando al Maestro Shankar- pues en nuestros días de amor al "vil metal" esto resulta impensable, o que el consumo de drogas haya estado a orden del día, sin provocar por ello desorden alguno. Tenemos suficiente nostalgia para pensar que este estado ideal de organización humana es lo más cerca que ha llegado el hombre a la perfección. Ni Kant, ni Rosseau, ni siquiera esa Biblia.

El uso de canales de promoción “alternativos”, como la FM, que era por entonces el órgano comunicacional de la revolución, permitió que este evento sirviese como una epifanía para la comunidad hippie, que se hizo ver en su total magnitud por primera vez en aquella ocasión (exceptuando el Gathering of the tribes de enero del 67, claro). Fue este el mejor medio para difundir su ideología, dejando como maravillosa postal que 200 mil personas pudieron convivir tres días sin ocasionar una sola muerte o incidente. Los mismos policías del condado, en principio alarmados por la magnitud del evento, se dejaron obsequiar flores y admiraron la bonhomía de los melenudos visitantes.

A pesar del gran ejemplo que dio esta gigantesca concentración, apenas el último hippie hubo abandonado el campo donde se realizó el festival, la alcaldía de Monterey se apresuró en prohibir cualquier evento que pudiese reunir a más de 2 mil personas en el lugar. Con esto cerraban la puerta a cualquier posible intento de reeditar festival, que originalmente se esperaba fuese anual. El vertiginoso final de década para casi todos los artistas implicados tampoco contriobuiría a la organización futura de eventos similares.

Tom Wolfe dice que sí te acuerdas de los sesenta es porque no estuviste allí. Algo que contradice la gran cantidad de fuentes documentales dedicadas al periodo. Excavando en ellas podemos descubrir que antes de este festival ya se dio, en el mismo Monterey, un “pequeño gran concierto” auspiciado por una FM local y que contó también con varias bandas de esta guisa (The Doors, Jefferson Airplane o The Byrds); claro que no tuvo la resonancia del Monterey Pop, que no solamente probó ser el máximo evento organizado por la generación del amor, sino que encontró su extensión natural en el (ya algo decadente) Woodstock Festival del 69 y descubrió su pavorosa contracara en el desastrado Festival de Altamont, también aquel año en el que se cerraba el ciclo iniciado por el Verano del Amor.

El Monterey Pop marcó la mayoría de edad (the coming of age, diríase en inglés) de un movimiento capaz de autogestionar su evolución y de marcar senda en más de un sentido. Eventos como el Coachella o Glastonbury de nuestros días, tan lejanos del Monterey Pop como se sienten, no serían posibles sin este precursor. Al menos esa debe ser la aportación de aquel maravilloso fin de semana en el que, arrobados por la música, vivimos la consagración de la primavera.


(Tipis en un Campamento hippie cerca de Monterey Pop)


N. del E. : Como les decíamos más arriba, comenzamos aquí este viaje hacia el Verano del Amor. Están invitados a seguir cada una de estas siete entregas especiales (no secuenciales y tan periódicas como el "tiempo disponible" y el interés - suyo y nuestro - lo permita). Recuerden que podrán escuchar el Monterey Pop, en el programa de "La Música Que Escuchan Todos", o Haciéndo Clic Aquí. Gracias por seguirnos y esperamos nos acompañen durante este fascinante viaje de descubrimiento hacia un pasado maravilloso. Ah, no olviden traer flores en el cabello.

Había una vez en Monterey...

No deja de haber algo de ironía en dedicarle un homenaje a un festival al que no se ha asistido. Sin embargo, lo que nosotros planteamos hacer – antes que reseñar directamente un festival al que apenas nos acercamos por las grabaciones y testimonios disponibles, restringidos ya por la distancia temporal – es conmemorar un evento histórico, un acontecimiento cultural que (con el año 1967, en el que se desarrolla) parte en dos la historia del rock.

Por supuesto, tal relevancia no se habría alcanzado sin un desempeño musical de extraordinario nivel, como el que se vio durante estos tres días en California. Así que ahora, entrelazándonos con la letra de la canción “Monterey”, compuesta por Eric Burdon de The Animals, en homenaje al festival, apostillamos algunos de los momentos más altos de este gran concierto, hito absoluto en lo que respecta a presentaciones en vivo (de estelares alineaciones, dicho sea de paso). Comencemos entonces este viaje, que se escucha mejor que se lee, o que puede escuchar mientras lee aquí.



The people came and listened
Some of them came and played
Others gave flowers away
Yes they did
Down in Monterey
Down in Monterey




(The Association)



El primer día del evento, viernes 16 por la noche, comenzó con algunas bandas que si bien tenían cierto caché en aquellos días, no han trascendido con la misma fuerza que los “reyes del festival”. Léase esto con mucha precaución, pues The Animals o Simon & Garfunkel (quizás los "estelares" de esta jornada) no son poca cosa.

En la apertura The Association propuso un pop-rock con tintes folk calidamente recibidos por el público, The Paupers – canadienses que tenían el cartel de “la próxima gran cosa desde los Beatles” – se ahogaron entre fallos y una presentación poco memorable, Lou Rawls ofreció un agradable acto soul en el que exhibió su gran talento vocal, acaso escorado hacia la escuela lounge, y luego Eric Burdon & The Animals pasearon su rythm & blues versión inglesa con una previsible gran calidad. El cierre correspondió al dúo de cantautores folk Paul Simon y Art Garfunkel, muy famosos por entonces pero que no figuran en los compilados lanzados recopilando el evento a causa de derechos y problemas legales. Con mucho sentimiento folkie - acústico y de rock melódico - concluía una primera noche que guardaba la pirotecnia, ofreciendo un aperitivo más bien calmo.



(Simon & Garfunkel)




Young gods smiled upon the crowd
Their music being born of love
Children danced night and day
Religion was being born
Down in Monterey




(Big Brother & The Holding Company + su cantante femenina)



La actuación del sábado por la tarde se había programado con bandas orientadas al blues, algunas de ellas ya embebidas en la movida psicodélica, por lo que era de esperar sesiones instrumentales prolongadas, con virtuosos solos pentatónicos. Contra todo pronóstico la tarde se la robaría una grandiosa tejana que casi se deshacía en nervios antes de entrar al escenario, al que subió siendo “sólo” la cantante de los Big Brother & The Holding Company, y del que se bajó como Janis, la Reina.

Micrófono en mano, Joplin enamoró a todos los afortunados presentes. Pocos la habían escuchado antes del festival y el despliegue increíble que demostró esa tarde hechizó al mundo, que no pudo olvidarla más. Mama Cass Elliott, otra gran vocalista, quedó literalmente boquiabierta durante su interpretación de “Ball & Chain”. Nadie había cantado con tanta intensidad antes. Arrastrados por Janis y su incontenible caudal de emociones, esa tarde nació un nuevo culto en torno a ella, culto del que finalmente fue víctima expiatoria.



(Queen Janis)




The Byrds and the Airplane
Did fly
Oh, Ravi Shankar's
Music made me cry




(Jefferson Airplane)



Esa noche, todavía arrebatados por la transfiguración de la Reina Janis, Jefferson Airplane, con una grandiosa Grace Slick, alzó vuelo dentro de los límites expectables y sus himnos psicodélicos resonaron con fuerza al calor de decenas de miles de personas. The Byrds, otros de los estelares de la noche, cumplieron con el público y hasta se animaron con un jam con el trompetista sudafricano Hugh Masekela.

Pero esperaba un cierre a máxima altura. Otis Redding, entonces casi un desconocido, debutaba frente a una audiencia mayoritariamente blanca y perteneciente a la “Generación del Amor”. El soul energético de Redding conectó de manera impredecible con el público, y su derroche de energía sobre el escenario se recuerda como un hito del soul “en vivo”. Con gran tristeza hay que lamentar que el, entonces encumbrado Redding, muriese pocos meses después de su deslumbrante presentación, sin terminar de consagrarse.




(Shaking it at Monterey, with Otis Redding)




The Who exploded
Into fired light (yeah)
Jimi Hendrix, baby
Believe me
Set the world on fire, yeah!



(The Who)


Tras un domingo por la tarde en el que el maestro Ravi Shankar tocó el sitar durante toda la tarde – en una decisión que probó ser excesiva – comenzó la última jornada del festival. Una segunda dosis de Janis Joplin y los sublimes folk rockers de Buffalo Springfield abrieron paso a una “guerra de bandas” entre dos monstruosos guitarristas.

Habiendo decidido “a la moneda” quién iría antes de quién, The Who venció y consiguió tocar antes de Jimi Hendrix, quién bajo la influencia de los potentes alucinógenos de Owsley Stanley – anecdóticamente llamados “Purple Haze” – los había amenazado con desplegar todos sus trucos, y nadie quería tocar después suyo. Vaya si Jimi cumplió con su amenaza.

Pero antes, The Who asaltó el escenario con toda la furia mod que los caracterizaba. Enfrascado en un personal duelo con Jimi, Pete Townshend ofreció una de sus más ruidosas y distorsionadas actuaciones. Convertidos en una demoledora de hard rock, los ingleses encendieron el escenario y arrasaron con todo. Una muralla de sonido construida por la mágica amalgama de Keith Moon y John Entwinstle protegió a un gran Roger Daltrey, que gozaba de sus mejores días y cantaba con autoridad. Este hubiese sido un soberbio cierre de festival, pero todavía faltaba el Rey.

Como bomberos para extinguir el fuego salieron al escenario los Grateful Dead, veteranos de los Acid Tests que limpiaron el ambiente con sus jams psicodélicos, tendiendo la alfombra roja para que Brian Jones presentase al Rey del Festival: Jimi Hendrix.

Aún en pleno viaje alucinógeno y determinado a opacar a Townshend, al tiempo que se presentaba al gran público americano por primera vez, Hendrix invitó a los casi 200 mil presentes a atestiguar la muerte (y posterior renacimiento) del rock.

Con una intensidad que escapa a la comprensión (estirándose desde lo arcádico hasta lo sexual) y que obligó a escapar del evento a Ravi Shankar, horrorizado por la impúdica forma en que Jimi trataba a su instrumento, Hendrix deslumbró con todo su arsenal: tocó la guitarra detrás de su espalda, recostado en el piso, con los dientes… citó a Bob Dylan y explotó el feedback más allá de la distorsión humanamente alcanzable, abriendo nuevos caminos con cada acorde. Con su “Wild Thing” – actuación que merece en sí un estudio completo – que incluyó el ritual sacrificio de su guitarra, una redención por el fuego, Jimi empujó las posibilidades de la guitarra como instrumento, y del rock como expresión musical, por encima de los límites conocidos hasta entonces.

(Jimi Hendrix, pasíon y muerte del rock&roll y redención por el fuego)


Three days of understanding
Of moving with one another
Even the cops grooved with us
Do you believe me?
Yeah!



(The Mamas & The Papas)


El gran final estuvo a cargo de The Mamas & The Papas, que ofrecieron una fenomenal actuación, llena de armonías etéreas y coros demasiado perfectos para una banda que – inmiscuida en la organización del festival – no ensayaba en tres meses. Además de sus éxitos infaltables, sorprende su guiño al sonido Motown con un cover de Martha & The Vandellas y su canción "Dancing in the Streets".

Scot McKenzie, intercalando con los Mamas & The Papas, cantó la proclama definitiva del Verano del Amor con su himno “San Francisco”; pero luego de la tormenta desatada por Hendrix, que le arrancó la cabeza a todos, para ponerle una nueva, es dificilísimo imaginar qué podría haberle arrebatado de la memoria popular como broche de oro del Monterey International Pop Festival.

Y así concluyeron tres días de excelente música y sorprendente paz, espíritu que capturó Burdon en su canción “Monterey”, con la que cerramos este homenaje, impregnado de un ideal musical y humano que parece cada vez más lejano.



If you wanna find the truth in life
Don't pass music by
And you know
I would not lie
No, I would not lie
Down in Monterey