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martes, mayo 06, 2008

La Caverna (G.a.U.t.)

Es como siempre grato contar con colaboradores en “Diseccionando a la musa perdida”, pues por medio de esas nuevas voces y visiones se confirma la intención –siempre manifiesta– de hacer de este blog un espacio dialogal antes que un repositorio de textos en busca de “lectores ideales” o, lo que sería peor, un ejercicio onanista.
Recibiendo felices un nuevo texto de Gustavo Urquidi –la más frecuente de nuestras firmas invitadas– los invitamos nos acompañen a leer un recuerdo de José Saramago y su novela “La Caverna”, última parte de su “Trilogía involuntaria”, y probablemente lo que se podría considerar como el primer ensayo serio (si bien igualmente involuntario) sobre la virtualidad, una condición inherente al hombre de hoy y su sociedad, posible sólo desde la pluma del gran lusitano.
Dicho esto, y permitiéndome el solipsismo de encontrar ecos del platónico mito en “I shall be released”, los dejamos con el texto de Gustavo, agradeciéndole haberlo compartido con todos nosotros.



La Caverna


“Que extraña escena describe y que extraños prisioneros. Son iguales a nosotros.”
La República, Platón
.


“La Caverna”, novela de José Saramago, fue la primera que publicó después de haber sido galardonado con el premio Nobel. Cuando ya había ensayando la ceguera escribiendo sobre la disminución de la vista, y cuando pensaba que había dado todos los nombres escribiendo sobre el desgaste de las identidades, salió nuevamente de La Caverna para hablarnos de la perdida del empleo y decirnos que no estamos todos ciegos y aquello que creemos la realidad no es más que sombras. Con esta novela, publicada en 2003, completaba su trilogía involuntaria, en la que marcó su visión del mundo en este fin (o inicio) del siglo, remarcando las diversas pérdidas del hombre: “Ensayo sobre la ceguera”, “Todos los nombres” y “La Caverna”. Este último exclusivo, porque es un libro sobre la vida y la muerte, sobre el envilecimiento y el esclarecimiento, sobre la palabra y el silencio, sobre la cultura de la frivolidad.

Esta novela sobresale de las demás (anteriores y posteriores) porque en ella Saramago deja de ser el ensayista que escribe novelas y habla sin referencias de espacio ni de tiempo, dejando el relato situarse en todos los sitios y en cualquier momento, para cuestionarnos éticamente sobre el sentido del desenvolvimiento. Más que una historia Saramago nos entrega material para pensar, y apela a la fuerza del pensamiento como la única vía capaz de liberarnos de la esclavitud conceptual de los tópicos. Cuando el hombre, recluido en la cueva de Platón, mira la luz, percibe que lo que conocía hasta entonces era apenas la sombra de la realidad.

Inversamente, cuando el artesano Cipriano Algor de 64 años, personaje principal de “La Caverna”, heredero de una tradición familiar, percibe que su trabajo se vuelve inútil, obligado a sustituir la producción de platos de loza por los de plástico, debe trasladarse para el “Centro Comercial”, donde se realizan los negocios y donde la Cueva de Platón asume una versión contemporánea e hipermoderna igual que los “stadium de futbol”, “las discotecas”, “supermercados”, “casinos”, etc.; lugares de “encuentro”, lugares comunes donde la gente acude no ya para escuchar a los demás, sino los espectáculos, las ofertas y gangas del consumo, espacios que curiosamente son muy vigilados, espacios en los que la gente se siente segura porque la violencia y la comunicación se producen fuera de esos recintos (cavernas), en donde Cipriano se ve obligado a encarar dicha realidad de la caverna hipermoderna, de la que no tenía la más mínima sospecha; entra en ese mundo de sombras, compromete su libertad para entrar al mundo de los ojos que todo lo ven. Esa es la diferencia de los habitantes de la cueva de Platón que nunca salían de ella. En la Caverna de Saramago los personajes van de fuera para adentro y cuando logran entrar comprenden que ese mundo no es de ellos, el autor pretende que los lectores no renuncien a criticar el acontecer diario, de esta forma Cipriano representa una cultura, un modo de hacer las cosas, representa al hombre que esta en la peor de las situaciones donde hace lo que no quiere y no sabe lo que puede hacer, nadie quiere nada de ese hombre a quien no le queda mas que alejarse.



A manera de contraste, y como homenaje al amor por los animales y particularmente por sus perros, en su novela figura entre los personajes precisamente un perro, un perro que se humaniza mientras muchos, demasiados humanos, se fosilizan. Usando la figura que nos regala Saramago, podemos decir que, hoy, el animal tiene mayor valor que los muertos vivientes, entre ellos escritores, sobre todo “novelistas” que persiguen premios, para quienes esta vida parece donada, que en realidad no dicen nada, y callan, y solo gimen para ventilar su podredumbre y exclamar: miren estoy aquí, sí, aquí, yo, sí, estoy aquí, aquí. Y se reparten premios por eso. Lo dijo Saramago, sin tapujos pero más delicada y nostálgicamente, a manera de protesta, en una entrevista con la televisión española cuando le otorgaron el premio Nobel. Lo resumimos así: ¿Hasta cuándo beberán sus babas, comerán sus desechos y arrastrarán sus cadáveres? “Los grandes nunca necesitaron premios.”

Para Saramago, que a través de su relato nos regala finísimas reflexiones sobre las preguntas claves de la vida y sobre los detalles que la aderezan, todos nosotros estamos dentro la Caverna porque damos más atención a las imágenes que a lo que realmente somos: “estamos dentro mirando una pared, viendo sombras y creyendo que ellas son reales”.

gustavo a. urquidi t.
- 2008 -


domingo, marzo 09, 2008

Pablo Picasso bajo la lente de Brassai (G.a.U.t.)

Volvemos a contar nuevamente con la colaboración de Gustavo Urquidi, viejo conocido del blog. Esta vez nos presenta un ensayo sobre la colaboración entre Picasso y Brassai; otro "duo dinámico" que merece ser recordado.

Pablo Picasso bajo la lente de Brassai

Gustavo A. Urquidi T.


En 1949 se publica, inicialmente en Francia y luego en Inglaterra, el libro Esculturas de Picasso, reuniendo más de 200 fotografías de las obras del artista español, firmadas por el húngaro Brassai, sobrenombre de Gyla Halasz (1899 -1984). Entre aquella primera publicación sobre la obra de Picasso y la segunda, en 1964, Conversaciones con Picasso, editorial Gallimard, el fotógrafo trabaja preferentemente con personajes de la noche: coristas, borrachos, amantes, prostitutas, criminales, a los cuales retrata desde un punto de vista muy personal e imparcial. El primer encuentro entre el pintor y el fotógrafo se dio en 1943 a solicitud de la editora Chene que por motivos económicos terminó siendo el primer y último encuentro del proyecto. Durante la convivencia con Picasso, Brassai anotó diálogos y registró situaciones, que final y felizmente son publicados. Impresiona la memoria de Brassai en lo que respecta a los detalles tanto de pequeñas escenas como de las extensas conversaciones reproducidas. El húngaro radicado en Francia también escribió retratos fascinantes de Henry Miller y Marcel Proust. Su nombre hoy se ubica entre los más notables fotógrafos del siglo 20. En una ocasión Henry Miller admirado resaltó su “raro don de captar el clima de las conversaciones”.
Conversaciones con Picasso, anotado en forma de diario, abarca una relación algo insólita registrada en dos períodos: 1943-1947 y un rápido encuentro en 1960, incluyendo todavía un post-scriptum (1960-1962) que recoge conversaciones de Brassai con algunas amistades cercanas a Picasso: su hijo Paulo, la esposa de Matisse y Marguerite Duthuit. Me refiero a una relación insólita por el temperamento intempestivo de Picasso que relevó algunas situaciones casi inadmisibles. Al mismo tiempo, el libro muestra a un Picasso fascinante en su integridad, en alguno momento incomprendido por los excesos de su pasión por el arte. Dice Brassai: “Para él, que quería comulgar con la realidad, con toda la realidad, la más inmediata, la más vulgar, la menos pintoresca, la más verdadera, el punto de vista artístico le parecía pobre y mezquino.” Dos décadas después, otro fotógrafo, Man Ray observaba: “Picasso me da la impresión de ser un hombre consiente de todo lo que pasa a su alrededor y en el mundo en general, un hombre que reacciona violentamente a todos los golpes pero que tiene solo una manera de expresarse: la pintura.”

En una de sus conversaciones con Brassai, Picasso, siempre provocativo dijo: “La fotografía llegó en la hora exacta para liberar a la pintura de toda literatura, de toda anécdota y así mismo del tema... En todo caso un cierto aspecto del tema pertenece al dominio de la fotografía... Los pintores no deberían aprovechar su libertad reconquistada para hacer otra cosa.”

Brassai apunta también los problemas de entendimiento entre Picasso y el Surrealismo, basándose en las declaraciones de Bretón, en sentido de que corrían el riesgo de ser entendidas como un padrón de desorden, convulsión, relación insólita con lo real, etc. Bretón admitió, en 1961, que el “indefectible apego al mundo exterior”, aliado a una “ceguera que esa disposición acarrea en el plano orgánico e imaginativo”, fue un aspecto decisivo para vincular a Picasso y el Surrealismo. Es curioso verificar que Bretón cesó los elogios hacia la clarividencia del pintor español a partir del momento en que rehuso su adhesión al Surrealismo. Picasso tenía relaciones con algunos surrealistas, Jacques Prevert, Raymond Queneau, Robert Desnos, pero no le interesaba establecer un vínculo. Por razones diversas podemos decir que Picasso y Artaud formaron mas surrealistas que muchos adherentes a la causa.

El controvertido artista asume coherencia extraordinaria en el libro de Brassai: Escribía sus textos con la misma voluntad creativa con que pintaba y esculpía. Así se envolvía en sus pasiones y asumía posiciones dispares, a veces inaceptables: “La coherencia y estabilidad sobre la base de un precepto.” Pero ¿en que precepto basarse para definir una coherencia de la obra de Picasso?
Tal vez Duchamp tenía razón al decir que la “única orientación posible en su obra es un lirismo penetrante que, con el tiempo, adquirió acentos crueles”.
Su personalidad, que es una mezcla de tormento y encantamiento por esa expansividad infantil, está muy bien relatada desde la intimidad que le brindó al fotógrafo húngaro, en Conversaciones con Picasso se incluye unas 50 fotografías tomadas por el propio Brassai: Muestra a un gigante desde la óptica de otro gigante.

sábado, diciembre 15, 2007

Pier Paolo Pasolini, la conciencia crítica (G.a.U.t.)

Nuevamente tenemos el gusto de contar con un invitado en “Diseccionando a la Musa Perdida”, se trata de Gustavo Urquidi que nos envía en esta oportunidad un texto dedicado a la memoria de Pier Paolo Pasolini, gran cineasta italiano al que se deben obras maestras como Accatone, Il Vangelo Siccondo Mateo, Mamma Roma o la imprescindiblemente cruda Saló. Uno de los pocos hombres que decidió hacer de su vida una consecuencia de su pensamiento, en permanente y necesaria batalla con la sociedad en la que vivió; esa sociedad hipócrita y poderosa que, como a Lorca, lo mató por “comunista y maricón”. A 32 años de su muerte, no hace falta excusas para recordarle.
Agradeciendo la gentileza de Gustavo por compartir su artículo, los invitamos a leerlo, dejar sus comentarios y participar ustedes también en este blog, que más que un simple espacio dialogal es una apuesta por el intercambio.


Pier Paolo Pasolini, la conciencia crítica

Gustavo A. Urquidi T.

En la Italia de la posguerra, después de Mussolini, paradójicamente hubo una recaída hacia el fascismo; la pequeña elite gobernante pretendía resolver los problemas económicos que la guerra le acarreo levantando banderas caducas, convenientes a sus intereses, destruyendo valores ancestrales y primarios. Así, en el florecimiento de esa aculturización que endiosó a la burguesía, a finales de los sesenta y principios de los setenta, Italia se convirtió en un país de filisteos, con una casta dominante aburguesada, superflua y acrítica.

Solo un hombre tuvo el valor de criticarlos: Pier Paolo Pasolini. Fustigador de los nuevos valores que nacían y se consensuaban, Pasolini se convirtió en una especie de conciencia crítica de la Italia de su tiempo, cuando se anunciaba el final del milenio. Pasolini fue un rebelde con causa que se embarcó en una lucha personal contra la autoridad, contra la sociedad burguesa y sus iconos, entablando disputas tanto con los pensadores de derecha como de izquierda, quienes todavía defendían posiciones marxistas. Su guerra particular incomodaba a propios y extraños, con su actuación heterogénea, agresiva y al mismo tiempo culta y populista, polémica y desarmada, con prosa lúcida y dura en su humilde libertad estilística. Por eso, en la madrugada del 2 de noviembre de 1975, fue víctima de un clásico asesinato cultural: Después de haber sido torturado y golpeado hasta la muerte fue abandonado en la playa de Ostia, un joven delincuente, Giuseppe Pelosi, asumió la responsabilidad del crimen, la justicia italiana sospechosamente no llevó la investigación hasta el final, contentándose con la versión de Pelosi. La noticia fue recibida con alivio encubierto incluso por personalidades del mundo literario, el cadáver de Pier Paolo Pasolini, ensangrentado, con el rostro deformado por los golpes y con varios huesos fracturados, después de treinta y dos años, ha sido devorado por nuestra sociedad y por nuestro tiempo, pero su palabra continua interrogándonos acerca de nuestra responsabilidad civil, cultural y personal en este mundo de consumismo globalizado, organizado e hipermoderno.

Pasolini fue multifacético: periodista, ensayista, actor, dramaturgo, pintor, poeta y por sobre todo crítico; sin embargo, era más conocido por el público (internacional) por su trabajo como cineasta, pasión que ejerció
por ser (el cine) el medio de comunicación mas inmediato para dialogar, especialmente con los jóvenes. Pasolini empezó como ayudante de renombrados cineastas como Giovanni Soldati, Federico Fellini, Floretano Vancini, Francesco Rosi; colaborando con Mauro Bolognini logró importantes realizaciones como El Bello Antonio, Los amores da Marisa, Un Día para Enloquecer, pero por sobre todos, Larga Noche de Locuras o Noche Brava, por su contenido que ya dejaba ver al poeta trágico y la experiencia que fue fundamental para él, que llegaba a Roma para hacer una carrera artística.

Por sus dos primeras películas como director Accatone y Mamma Roma fue catalogado como neo-realista, después vinieron, cada una más polémica que la otra, La Ricotta, La Pasión según San Mateo, Teorema, Decameron, etc. Pasolini muestra en ellas claramente sus ideas, en especial el desprecio por la acumulación de la sociedad de consumo, el conformismo de la sociedad italiana, la recuperación simbólica de un tiempo mítico todavía no contaminado por el racionalismo industrial, la generosidad con los humildes, la pasión por el arte y todo aquello que “oxigenaba la vida mezquina, sofocante y estrecha adoptada por su Italia natal, por europa y por el mundo”. Se puede decir que sus películas, que celebraban la belleza del cuerpo humano y del sexo, eran como antídotos ante el neo-moralismo que se anunciara en la década de los setenta. Sin embargo, su película Saló o los 120 días de Sodoma, una respuesta brutal al fascismo, fue la película más terrible e insoportable jamas proyectada en pantalla de cine; en ella Pasolini adapta la obra del Marqués de Sade a Saló, la república fascista creada por Mussolini como último refugio para el fascio al final de la segunda guerra mundial. En Saló las escenas de sexo son tristes, contrariamente a sus anteriores películas, la tortura, mientras la humillación y perversión sugieren lo que acontece cuando los instintos descontrolados se vuelven contra si mismos; Pasolini asocia el fascismo a esa difusa pulsión de muerte, parece sugerir a cada instante que esa “doctrina” y práctica no han muerto, esperando apenas una oportunidad para resurgir, y no deja de ser profético. Basta ver a nuestro alrededor para verificar que no hay paz, prosperidad, tolerancia sexual ni religiosa, y que el racismo esta vigente con todas sus taras. Saló terminaría siendo el testamento que reproduce fielmente la impresión que Pasolini tenía del mundo antes de ser retirado de escena.

Sin embargo Pasolini no puede ser solo recordado por la suma de su arte heterogéneo, ni por la batalla monumental perdida contra la impunidad, que lamentablemente en nuestros días ya esta globalizada y pasteurizada. Pasolini, hereje medieval y maestro contemporáneo, no solo lucho contra una sociedad, contra un país, contra el mundo real, sino y por sobretodo contra un mundo metafórico, contra una influencia angustiante: “Maté a mi padre, comí carne humana, tiemblo de alegría.”

En Pocilga, película autobiográfica de Pasolini, nos da luces en dos líneas sobre su obra: “mi experiencia me llevó inicialmente a concebir el horror y después a expresarlo con distanciamiento y humor”. Su mayor arma fue una visión religiosa permeable a la perspectiva herética y profundamente filtrada por la literatura herética-irónica-mística italiana del pasado: Dante, Boccaccio, Bruno. Su posición puede ser comparada con la de figuras injustamente olvidadas como San Joaquin de Fiore, el mismo que fue puesto por Dante en el paraíso de la Divina Comedia, o como la de Tomas Campanella, el monje herético autor de Ciudad del Sol, quien afirmó: “el mundo se volvió loco y los sabios, pensando curarlo, fueron llevados a decir, hacer y vivir como los locos, pero en secreto, tenían otra opinión.”

Finalmente nos queda su palabra de esperanza, pues Pasolini auspició: “Serán los poetas un día, en un futuro cercano, quienes salvarán al mundo.”

gustavo a. urquidi t.



Indice Fotográfico:
Segunda a la izquierda - Pasolini frente a la tumba de Gramsci
Sobre estas líneas - Cadaver de Pasolini, como se lo encontró en la playa de Ostia

martes, agosto 28, 2007

Nietzsche (G. a. U. t.)

Es siempre un gusto aprovechar este espacio, que alguna difusión ha adquirido, para compartir con ustedes los textos que gentilmente nos ceden nuestros distinguidos invitados. Mucho mayor es la satisfacción si el artículo viene de uno de nuestros amigos lectores, como en este caso, revalidando la intención dialogal con la que surge este blog.
Gustavo Urquidi, seguramente acicateado por la escasez de homenajes al gran filosofo Friedrich Nietzsche y aprovechando un nuevo aniversario de su desaparición física, nos envía un muy interesante artículo en torno al pensador alemán. Nietzscheanos como somos, esta oportunidad permite unirnos a Urquidi en la invitación para volver – acaso en eterno retorno – sobre el pensamiento de este filosofo.
Realmente es un privilegio poder contar con lectores como ustedes, y demás esta decir que la invitación a compartir opiniones, textos y afines en “Diseccionando a la Musa Perdida" está siempre abierta. Los dejamos con el texto de Gustavo Urquidi, a quien nuevamente agradecemos la gentileza.

NIETZSCHE


Gustavo A. Urquidi T.

“Yo no soy un hombre, soy dinamita”, así hablo Friedrich Nietzsche, y tenía razón. De todos los filósofos modernos él fue, de lejos, el más explosivo. Política y psicoanálisis, teología y literatura, teatro y música popular –las más diversas áreas de la cultura– están impregnadas del estilo de su pensamiento, ya sea como foco de polémica o fuente de inspiración. Así como es posible encontrar referencias suyas en oscuros tratados de metafísica, también es posible verlo citado en películas de Eddie Murphy y en muchas letras de Caetano Veloso, músico que, dicho sea de paso, se considera un nietzscheano. También usted, por ejemplo, seguramente ya estuvo delante de una idea de Nietzsche, como las esenciales: “Dios ha muerto” o “Más allá del bien y del mal”. Más de cien años después de su muerte (107 en realidad), en agosto de 1900, Nietzsche está lejos de ser una figura relegada al pasado, y aunque no se haya publicado en la prensa nada de él, o sobre él, en estos días, su trabajo y persona no dejan de ser actuales. Basta una visita a las librerías para darse cuenta de esto: constantemente aparecen nuevas traducciones de sus obras, se producen estudios sobre ella sin desmayo, se le dedican biografías (hagiografías algunas, infamantes retahílas otras) al autor, y las re-ediciones de sus textos u otros escritos dedicados al filósofo alemán son permanentes y seguros activos comerciales. A salvo de esta profusión, intentamos comprender cuáles son las causas de tanta fascinación. Nietzsche tuvo el mar entre sus huesos y construyó arrecifes para todas las voces, y en cada uno de sus muelles desembarcó la confianza extraviada, aunque muchos se resignaron a solo contemplar las mareas.

De manera muy esquemática, tal vez se puede decir que el alemán identificó la crisis que se hacia sentir en su tiempo, y que continúa hoy, prediciendo el actual desgarramiento de las tradiciones, la pérdida de creencias ancestrales. Habiéndolas anticipado, en lugar de enmascarar esta situación, Nietzsche decidió llevarla hasta las últimas consecuencias, abrazando un proyecto radical de crítica de todas las esferas de la cultura. Nietzsche no dejó en paz ningún fundamento moral y religioso, en cambio derribó la noción de verdad absoluta e intentó así trazar y tomar el pulso de los instintos subyacentes en las acciones humanas (no es por otra cosa que Freud lo consideraba como uno de sus precursores). Realizada esa tarea crítica, Nietzsche supo que debía proceder a proponer nuevos valores; puesto que era preciso encontrar otras formas de vivir, propias del hombre occidental. Para lograr aquello nadó contra corriente, contra dogmas y mitos, desmoronó los poderes establecidos y lo que consiguió fue tan monumental que hasta nuestros días todavía se oyen los ecos, de uno y otro lado.

Son todos esos temas los que aparecen en sus obras. Por ejemplo, en Crepúsculo de los Idolos, escrito en 1888, Nietzsche anuncia desde el principio que el libro debe ser tomado como “una declaración de guerra”, cuyos enemigos principales son los “mitos” de la metafísica, de la religión y de la moral. Como prueba compleja e irrefutable el texto empieza con un duro ataque a Sócrates, el fundador de la filosofía occidental, en una arriesgada como definitoria acción. Fechado diez años antes, Humano, Demasiado Humano, tiene también un severo núcleo crítico; pues en este libro, por ejemplo, Nietzsche defiende por primera vez su doctrina del perspectivismo, la idea de que no hay verdades definitivas, apenas interpretaciones sobre la realidad condicionadas por el punto de vista de quien las propone. Ya en el subtítulo del mismo libro el filósofo anuncia que aquel es “un libro para espíritus libres”. Ellos son los que abandonaron las verdades heredadas en favor de una vida plena de experiencias y aventura. Tal es el lado “constructivo” de su pensamiento y el de más fuerte apego por lo popular. En estas obras comienza a delinearse el temple de su genio, en el que son tan importantes los temas como el formato de su pensamiento. Distante del estilo casi inhumano de Kant, Nietzsche se regocijaba en las metáforas, los vuelos de retórica y la musicalidad de la lengua alemana. Por su fuerza literaria Nietzsche, un gran escritor en derecho propio, influenció a importantes autores del siglo XX, como al austríaco Rainer Maria Rilke, el francés Albert Camus, el alemán Thomas Mann, entre muchos otros, que han bebido directa o indirectamente de su fuente temática o formal.

Al margen de esto, la forma estilística por la que Nietzsche siempre levantó más debates fue el aforismo, expresión por la que guardaba gran afición. Sus primeros libros habían sido escritos como disertaciones, pero después de Humano, Demasiado Humano, el alemán optó por esa forma corta, que nunca más abandonó y que cultivó con magistral fruición. Nietzsche era un enemigo ardiente de los grandes sistemas teóricos: “Desconfío de todos los hombres que tienen sistemas”, escribe en Crepúsculo de los Idolos, reforzando el fuste de su pensamiento. En otras palabras, el pensamiento fragmentario y muchas veces contradictorio que manejaba Nietzsche era parte de su proyecto filosófico y la del aforismo la forma ideal para articularlo.

Al referirse sobre algunos acontecimientos de su actualidad, Nietzsche defendía el pro y el contra, por lo que en ese entonces casi todos los movimientos culturales y políticos concebidos se apropiaron de sus ideas, en muchos casos sin comprenderlas o tergiversando su verdadero sentido (cosa que sigue sucediendo con calamitosa frecuencia). El ejemplo más “célebre” sin duda fue el del nazismo, que amparado en pasajes de sus libros, en los que se hace un elogio de la fuerza, de la virilidad, de la “voluntad de poder”, acabaron leyendo cuestiones racistas y despreciativas del judaísmo, por lo que muchos “intelectuales” nazis citaban sin empacho a Nietzsche como una suerte de ideólogo. Diversos estudios demuestran cómo casi todas las citas de Nietzsche apropiadas por los nazis fueron falsificadas o arrancadas de su contexto, lo que libra de tal denostacion al gran filosofo. Un ejemplo ya clásico en tal sentido, tan pedestre que bordea la ironía, es el del aforismo 475 de Humano, Demasiado Humano, en el que Nietzche ataca el nacionalismo y el antisemitismo (dos de los pilares de la política del III Reich); sin embargo el texto aparece en panfletos nazis como si afirmase exactamente lo contrario. Claro, Nietzsche no estaba vivo para atestiguar el uso distorsionado de sus textos. Pero no es difícil imaginar lo que hubiese dicho, mucho más si sabemos que él no quería discípulos intelectuales, sin importar fueran estos bien o mal intencionados.

Paradójica, intencional y más recientemente, Saramago en sus novelas humaniza un perro mientras muchos humanos, entre ellos intelectuales, se fosilizan. Preciosa figura. El cariño por Nietzsche es similar al que sentimos por Cipriano Algor, filosófico personaje del escritor portugués. Cuando nuestro filósofo sale de la Cueva (Platón) nadie le cree y la gran mayoría no le entiende, cuando Cipriano entra a la Caverna (Saramago) no le queda más que alejarse. La lección más importante de la obra Nietzscheana es tal vez la de más sencilla interpretación, pero de realización en extremo compleja: Es necesario pensar con independencia. Obviamente Nietzsche vivía más allá del bien y del mal.



gustavo a. urquidi t.


martes, mayo 22, 2007

El Serio “Laberinto” Reciclador Del Viejo Orden (S.D.V.)

El pasado día domingo, en la páginas de "La Ramona", nuestro amigo Sergio De La Zerda, Co-Editor del Suplemento, publicó una interesante y justamente aguda crítica a "Laberinto", un 'reality' político pensado para desentrañar el complejísimo trasegar político nacional actual.


Al compartir muchas de las opiniones expresadas por De la Zerda, agradecemos su enorme gentileza al acceder compartir su nota en este espacio, siempre abierto a la contrastación libre y respuetuosa de opiniones, es decir, al debate. Por ello, en calidad de firma invitada, les presentamos su artículo "El Serio 'Laberinto' Reciclador del Viejo Orden", esperando sus opiniones y reiterando nuestro agradecimiento a Sergio.



El Serio "Laberinto" Reciclador del Viejo Orden
Sergio de la Zerda

Domingo por la noche. El mundo en su deprimente ocaso y la única alternativa parece ser el zapping televisivo. Y ahí, entre animación de MTV y película de Van Damme, un notable espectáculo en canal nacional: singulares personajes, situados en colorido ambiente, en excéntrico diálogo (¿charlita? ¿lluvia de ideas? ¿cotorreos?).

Aguanté dos minutos y pude escuchar a una cholita paceña decir que en la Zona Sur de su ciudad se respetan más los Derechos Humanos que en la Fiesta del Gran Poder, a una choca señora con acento camba exclamar que el “discurso de los 500 años estaba vencido” y, ¡oh! sorpresa, al abogado cochabambino Cayo Salinas hablar de discriminación.

Era mucha tragedia para un domingo. Inmediatamente hice uso del remoto control, sin preguntarme si se trataba de una campaña por los 2/3, una pesadilla o un mal chiste.

El lunes, cuando ya me siento bien, me entero… me quedo tieso al saber que mi visionado no era una soñolienta alucinación, sino, nada más y nada menos, que el segundo capítulo de un “reality boliviano” (sí, así se presenta la cosa) llamado “Laberinto”, producido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y dirigido (acá la cereza de la torta) por el cineasta Juan Carlos Valdivia (“Jonás y la ballena rosada”, “American Visa”).

Bueno, a cualquiera se le escapa al principio, pensé… me consolé asegurándome que, después de todo, debe ser la primera experiencia en la tele de Valdivia. Me propuse, de igual modo, darle una segunda oportunidad a la cuestión, el próximo domingo. Pensé, además, que el PNUD no podía haber errado tan feo, después de esa hermosa película de Marcos Loayza, producida y estrenada hace poco con el apoyo de esta entidad, “El estado de las cosas”.

A modo de reforzar mi esperanza y refrescado por un inusitado aire democrático (ese fabuloso sistema en el que cualquier imb… ciudadano puede decir lo que se le cante), revisé la web del “Laberinto” este:

“Laberinto es un reality que va en serio. Consta de doce programas de una hora de duración, en los que un elenco estable de participantes que expresan la diversidad y pluralidad del país, abordarán temas centrales que hacen al proceso constituyente y al nuevo pacto social que estamos construyendo en Bolivia. El propósito: poner en escena la posibilidad, por medio del diálogo y de acuerdos, de ‘salir del laberinto’ en temas que dividen y polarizan”.

Reality…en serio

Ya sin zapping, luego de siete días me conecto con el aparentemente bien intencionado tercer capítulo, qué mejor sobre el “polarizante” tema de “Tierra y territorio”.

Y compruebo, con lástima, que en verdad se trata de un reality… en serio. Tan profundo como el “American Idol”, tan aleccionador como “El Gran Hermano”, el programa trae otra vez a los singulares personajes, algunos distintos a los del anterior segmento. Con una estética tipo Televisa (no en vano Valdivia estuvo en México tanto tiempo), otra vez tuve que sufrir la desordenada lluvia de ideas sin fundamento.

De cualquier modo apelo a mi sentido de supervivencia, pero escucho, con estupor, que el latifundio en el oriente boliviano había sido apenas “un mito, una ideología”, que la gente sin tierra es un “pequeño grupo de especuladores”, que la distribución de tierras fiscales es una maniobra política.

Y la palabra de los contados invitados que sí tenían algo que decir (¿uno? ¿uno y medio?) era editada para contraponerla con las falacias de los restantes. Claro, también hay que ser “equilibrados”, y esto se logra poniendo la verdad al tiempo que la mentira, pues es ese el pluralismo de algunas instituciones y analistas-políticamente-correctos: orientar al público con medias verdades y medias mentiras.

Ay de mí que pensé que nada peor podía ocurrir. Qué equivocado estaba. En medio de todo el disparate, más reality… en serio: la charlita fue interrumpida al menos tres veces por el ¿tour político? ¿intercambio cultural? ¿viaje antropológico? de Cayo Salinas a un pobre pueblo cruceño.

Me tragué enterito el episodio del sonriente tipo con oscuras gafas regalándole su polerita de “2/3” a un confundido y pobre agricultor. No sabía si llorar o reír cuando la especie de Kimosabi piropeaba a la esposa del humilde anfitrión, o cuando le instaba a ser parte de las filas del Wilstermann.

Fin del show ¿Conclusiones? ¡Ah¡ sí, hablábamos de “Tierra y territorio”, creo… Sólo faltaba la respectiva votación vía SMS y la expulsión de algún gil que se tomó en serio el “enriquecedor diálogo”.

Ahora sí, en serio

En la pugna abierta de un país cuyas mayorías luchan por el poder, la torpe respuesta de los sectores privilegiados se ha hecho sentir no en la oposición política, sino en la oposición mediática. Radios, matutinos y canales son las armas de élites sin mayor proyecto que mantener el agonizante orden que se resiste a morir. El sembrar la confusión, el difundir pseudo verdades y la abierta toma de partido a nombre de las retrógradas derechas son parte de la acción de resistencia. Ejemplos hay cientos, uno de los más nuevos es la penosa amplificación de un paro cínico, perdón, cívico, en Cochabamba, para el que los chicos y chicas de la tele han fungido como portavoces prefecturales, degradando todavía más el ya venido a menos oficio periodístico.

Y el tal “Laberinto” parece ser parte de este juego en escala nacional. ¿Pruebas, caballero? Después del suplicio de ver otro capítulo de la serie rastree usted los nombres del supuesto “elenco estable de participantes, que expresan la diversidad y pluralidad del país”, del que apenas se brinda información en el programa.

Yo encontré lo siguiente: Flora Oyardo, la cholita paceña de la que hablaba al principio, fue candidata a constituyente por Unidad Nacional (UN), el partido del ex mirista Samuel Doria Medina. María Elva Pinckert, la rubia señora, es concejal del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), partido del “perseguido político” y residente en Miami, Gonzalo Sánchez de Lozada. Kathia Zamora, otra señora del “elenco”, fue candidata a constituyente por el extinto partido de los “errores y no delitos”, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR). Cayo Salinas, que en su anterior columna dominical de un diario celebró la victoria del derechista Sarkozy en Francia (ese franchute que dijo que “los migrantes son escoria”), fue Secretario General de la Prefectura de Cochabamba en una gestión del MNR.

Así, el “Laberinto” este no es más que una máquina recicladora de partidos que hasta hace poco se encargaron de rifar el país a su gusto. Así, no me extrañaría que los próximos invitados sean nuevos y grandes valores, en teoría “apolíticos”, como el “carismático escritor” Juan Claudio Lechín o el locuaz “cívico” cochabambino Javier Bellott, por nombrar a muy probables candidatos en futuras elecciones.

Lo que me entristece verdaderamente no es que los espacios de libre expresión sean usados para decir cualquier cosa o para promocionar a futuros alcaldes o prefectos. Lo que me revienta es que hombres del arte y la cultura, como lo es Juan Carlos Valdivia, se presten al manoseo de los partidos políticos más reaccionarios de Bolivia.