martes, julio 24, 2007

Había una vez en Monterey...

No deja de haber algo de ironía en dedicarle un homenaje a un festival al que no se ha asistido. Sin embargo, lo que nosotros planteamos hacer – antes que reseñar directamente un festival al que apenas nos acercamos por las grabaciones y testimonios disponibles, restringidos ya por la distancia temporal – es conmemorar un evento histórico, un acontecimiento cultural que (con el año 1967, en el que se desarrolla) parte en dos la historia del rock.

Por supuesto, tal relevancia no se habría alcanzado sin un desempeño musical de extraordinario nivel, como el que se vio durante estos tres días en California. Así que ahora, entrelazándonos con la letra de la canción “Monterey”, compuesta por Eric Burdon de The Animals, en homenaje al festival, apostillamos algunos de los momentos más altos de este gran concierto, hito absoluto en lo que respecta a presentaciones en vivo (de estelares alineaciones, dicho sea de paso). Comencemos entonces este viaje, que se escucha mejor que se lee, o que puede escuchar mientras lee aquí.



The people came and listened
Some of them came and played
Others gave flowers away
Yes they did
Down in Monterey
Down in Monterey




(The Association)



El primer día del evento, viernes 16 por la noche, comenzó con algunas bandas que si bien tenían cierto caché en aquellos días, no han trascendido con la misma fuerza que los “reyes del festival”. Léase esto con mucha precaución, pues The Animals o Simon & Garfunkel (quizás los "estelares" de esta jornada) no son poca cosa.

En la apertura The Association propuso un pop-rock con tintes folk calidamente recibidos por el público, The Paupers – canadienses que tenían el cartel de “la próxima gran cosa desde los Beatles” – se ahogaron entre fallos y una presentación poco memorable, Lou Rawls ofreció un agradable acto soul en el que exhibió su gran talento vocal, acaso escorado hacia la escuela lounge, y luego Eric Burdon & The Animals pasearon su rythm & blues versión inglesa con una previsible gran calidad. El cierre correspondió al dúo de cantautores folk Paul Simon y Art Garfunkel, muy famosos por entonces pero que no figuran en los compilados lanzados recopilando el evento a causa de derechos y problemas legales. Con mucho sentimiento folkie - acústico y de rock melódico - concluía una primera noche que guardaba la pirotecnia, ofreciendo un aperitivo más bien calmo.



(Simon & Garfunkel)




Young gods smiled upon the crowd
Their music being born of love
Children danced night and day
Religion was being born
Down in Monterey




(Big Brother & The Holding Company + su cantante femenina)



La actuación del sábado por la tarde se había programado con bandas orientadas al blues, algunas de ellas ya embebidas en la movida psicodélica, por lo que era de esperar sesiones instrumentales prolongadas, con virtuosos solos pentatónicos. Contra todo pronóstico la tarde se la robaría una grandiosa tejana que casi se deshacía en nervios antes de entrar al escenario, al que subió siendo “sólo” la cantante de los Big Brother & The Holding Company, y del que se bajó como Janis, la Reina.

Micrófono en mano, Joplin enamoró a todos los afortunados presentes. Pocos la habían escuchado antes del festival y el despliegue increíble que demostró esa tarde hechizó al mundo, que no pudo olvidarla más. Mama Cass Elliott, otra gran vocalista, quedó literalmente boquiabierta durante su interpretación de “Ball & Chain”. Nadie había cantado con tanta intensidad antes. Arrastrados por Janis y su incontenible caudal de emociones, esa tarde nació un nuevo culto en torno a ella, culto del que finalmente fue víctima expiatoria.



(Queen Janis)




The Byrds and the Airplane
Did fly
Oh, Ravi Shankar's
Music made me cry




(Jefferson Airplane)



Esa noche, todavía arrebatados por la transfiguración de la Reina Janis, Jefferson Airplane, con una grandiosa Grace Slick, alzó vuelo dentro de los límites expectables y sus himnos psicodélicos resonaron con fuerza al calor de decenas de miles de personas. The Byrds, otros de los estelares de la noche, cumplieron con el público y hasta se animaron con un jam con el trompetista sudafricano Hugh Masekela.

Pero esperaba un cierre a máxima altura. Otis Redding, entonces casi un desconocido, debutaba frente a una audiencia mayoritariamente blanca y perteneciente a la “Generación del Amor”. El soul energético de Redding conectó de manera impredecible con el público, y su derroche de energía sobre el escenario se recuerda como un hito del soul “en vivo”. Con gran tristeza hay que lamentar que el, entonces encumbrado Redding, muriese pocos meses después de su deslumbrante presentación, sin terminar de consagrarse.




(Shaking it at Monterey, with Otis Redding)




The Who exploded
Into fired light (yeah)
Jimi Hendrix, baby
Believe me
Set the world on fire, yeah!



(The Who)


Tras un domingo por la tarde en el que el maestro Ravi Shankar tocó el sitar durante toda la tarde – en una decisión que probó ser excesiva – comenzó la última jornada del festival. Una segunda dosis de Janis Joplin y los sublimes folk rockers de Buffalo Springfield abrieron paso a una “guerra de bandas” entre dos monstruosos guitarristas.

Habiendo decidido “a la moneda” quién iría antes de quién, The Who venció y consiguió tocar antes de Jimi Hendrix, quién bajo la influencia de los potentes alucinógenos de Owsley Stanley – anecdóticamente llamados “Purple Haze” – los había amenazado con desplegar todos sus trucos, y nadie quería tocar después suyo. Vaya si Jimi cumplió con su amenaza.

Pero antes, The Who asaltó el escenario con toda la furia mod que los caracterizaba. Enfrascado en un personal duelo con Jimi, Pete Townshend ofreció una de sus más ruidosas y distorsionadas actuaciones. Convertidos en una demoledora de hard rock, los ingleses encendieron el escenario y arrasaron con todo. Una muralla de sonido construida por la mágica amalgama de Keith Moon y John Entwinstle protegió a un gran Roger Daltrey, que gozaba de sus mejores días y cantaba con autoridad. Este hubiese sido un soberbio cierre de festival, pero todavía faltaba el Rey.

Como bomberos para extinguir el fuego salieron al escenario los Grateful Dead, veteranos de los Acid Tests que limpiaron el ambiente con sus jams psicodélicos, tendiendo la alfombra roja para que Brian Jones presentase al Rey del Festival: Jimi Hendrix.

Aún en pleno viaje alucinógeno y determinado a opacar a Townshend, al tiempo que se presentaba al gran público americano por primera vez, Hendrix invitó a los casi 200 mil presentes a atestiguar la muerte (y posterior renacimiento) del rock.

Con una intensidad que escapa a la comprensión (estirándose desde lo arcádico hasta lo sexual) y que obligó a escapar del evento a Ravi Shankar, horrorizado por la impúdica forma en que Jimi trataba a su instrumento, Hendrix deslumbró con todo su arsenal: tocó la guitarra detrás de su espalda, recostado en el piso, con los dientes… citó a Bob Dylan y explotó el feedback más allá de la distorsión humanamente alcanzable, abriendo nuevos caminos con cada acorde. Con su “Wild Thing” – actuación que merece en sí un estudio completo – que incluyó el ritual sacrificio de su guitarra, una redención por el fuego, Jimi empujó las posibilidades de la guitarra como instrumento, y del rock como expresión musical, por encima de los límites conocidos hasta entonces.

(Jimi Hendrix, pasíon y muerte del rock&roll y redención por el fuego)


Three days of understanding
Of moving with one another
Even the cops grooved with us
Do you believe me?
Yeah!



(The Mamas & The Papas)


El gran final estuvo a cargo de The Mamas & The Papas, que ofrecieron una fenomenal actuación, llena de armonías etéreas y coros demasiado perfectos para una banda que – inmiscuida en la organización del festival – no ensayaba en tres meses. Además de sus éxitos infaltables, sorprende su guiño al sonido Motown con un cover de Martha & The Vandellas y su canción "Dancing in the Streets".

Scot McKenzie, intercalando con los Mamas & The Papas, cantó la proclama definitiva del Verano del Amor con su himno “San Francisco”; pero luego de la tormenta desatada por Hendrix, que le arrancó la cabeza a todos, para ponerle una nueva, es dificilísimo imaginar qué podría haberle arrebatado de la memoria popular como broche de oro del Monterey International Pop Festival.

Y así concluyeron tres días de excelente música y sorprendente paz, espíritu que capturó Burdon en su canción “Monterey”, con la que cerramos este homenaje, impregnado de un ideal musical y humano que parece cada vez más lejano.



If you wanna find the truth in life
Don't pass music by
And you know
I would not lie
No, I would not lie
Down in Monterey





4 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno, Hendrix no sólo citó a Zimmy, sino que hizo "this li'l thing", según dijo en la charla de intro, que empieza diciendo "Once upon a time you dressed so fine...".

Me permito chismear que la cadena de cafeterías Starbucks vende por estos días la única edición en CD que jamás hubo del Festival. Entero. Masterizado y etc.
Estos CDs son un must total.


[jf]

Javier Rodríguez dijo...

Hola Jack, es un gusto tenerte de vuelta por estos lados.

Había visto por ahí ese disco que mencionas, pero no lo he podido encontrar todavía. Y menos sabía que era promocionado por la Starbucks. Que - de nuevo si no me equivoco - sacó un disco de los Stones, el último del Macca y hasta alguno del Sr. Roberto. ¿No que era un negocio acabado el de la música? MMMMMMMM


Saludos

eloy dijo...

creo que l verano del amor fue lo mejor en ese tiempo deveras que si existia buana musica ahy tenemos un ejemplo de Jimie Hendrix, the byrds, la desconocida janis, the who, the animal etc. que deberas craban buan musica no que ahora los grupos basura que hacen musica solo para vender y pasarsela un rato.Neta que esta investigacion es buena ya que muchos ni conocen este festival espero que sigan asi.

Javier Rodríguez dijo...

Gracias por el comentario Eloy, nos alegra que todavía hayan grandes melómanos a pesar de todo.

Muchos saludos, esperamos verte de nuevo por acá.