lunes, abril 09, 2007

Kaddish por Allen Ginsberg


"the madman bum and angel beat in Time, unknown,
yet putting down here what might be left to say
in time come after death"


Pasar de estibador a icono pop no es algo que suceda con frecuencia. Que el hijo de una mujer clínicamente paranoica, además de militante del partido comunista, y un poeta aficionado de origen judío, decida dedicarse a la poesía, aconsejado “incidentalmente” por un psiquiatra, es un escenario todavía más infrecuente que toparse con un lama budista al intentar tomar el mismo taxi. Que Jack Kerouac se ocupe de escanciar el vino en la primera lectura pública de uno de tus primeros poemas, a la postre el más celebrado, citado sin empacho hasta en la serie de dibujos animados “Hey Arnold!”, rebasa incluso el límite de la anterior improbabilidad. Sin embargo, todo ello le sucedió a Allen Ginsberg, uno de los mayores poetas de lengua inglesa del pasado siglo, y a quién dedicamos este pequeño homenaje, a una década de su fallecimiento.

'The good king rode forth from his castle, saw the suffering workers and healed them.'

Nacido en Newark, Nueva Jersey, el 3 de Junio de 1926, el que según Kenneth Rexroth coronó la fantasía social-populista revolucionaria en la tradición poética americana; quién -siempre según Rexroth- persiguió el misticismo, latente ya en el trascendentalismo gnóstico americano, o en la voz visionaria de Blake, creció escuchando a su madre, desequilibrada mental, relatarle al acostarlo, durante infinitas noches sucesivas, cuentos como el que sirve de epígrafe a esta sección. Aunque no lo aparente, salvando esporádicas excursiones a mítines del partido comunista o perturbadores viajes en los que acompañaba a su madre al psiquiatra, la infancia y juventud de Ginsberg fueron relativamente corrientes, considerando la suya una familia típicamente suburbana y en la cresta del “New Deal”.

Sería su ingreso a la Universidad de Columbia –había apostado consigo mismo que de lograr una beca perseguiría una carrera literaria– lo que marcaría con mayor fuerza su futuro. Fue gracias a la intermediación de un entusiasta Lucien Carr (el mismo de los hipopótamos fritos, entonces compañero de clase suyo) que conoció a Jack Kerouac, William Seward Burroughs, John Clellon Colmes (autor del así llamado “Manifiesto Beatnik”) y al ya generacionalmente icónico Neal Cassady. Nadie podría sospechar que ese efervescente grupo de amigos, ocupados escribiendo odas en las ventanas de sus habitaciones (causantes de la expulsión de Ginsberg, ni más ni menos), terminaría constituyendo, pocos años después, el núcleo de la generación beat.

Hombre de ruta, como todo beatnik que se precie, Ginsberg rodó muchísimo. Pero, todavía en Greenwich Village, y en su último año universitario fue -en una lectura de Auden, para ser precisos- que Allen conoció a Gregory Corso (el benjamín del cenáculo beat), consolidando así, en definitiva, el capítulo beatnik neoyorquino. Sin embargo, el apartamento de Ginsberg, emplazando en pleno Harlem, atestiguaría un evento probablemente más trascendente que el anterior encuentro.

Persiguiendo una autenticidad inasible, el joven Ginsberg experimentó una visión beatífica definitoria cuando William Blake se le apareció para recitarle al oído su – erótico – poema “Ah Sunflower”. Despertado, cual bíblico patriarca, por la voz que escuchaba, a partir de ese momento Ginsberg comprendió que la tarea del poeta era provocar una visionaria conciencia de la realidad en sus lectores. Ya no tenía sentido escribir como T. S. Elliot o Thomas Wyatt.



“I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving hysterical naked,dragging themselves through the negro streets at dawn looking for an angry fix, angelheaded hipsters burning for the ancient heavenly connection to the starry dynamo in the machinery of night . . .”

A pesar de su concepción neoyorquina, San Francisco sería la cuna del movimiento beatnik, y Kenneth Rexroth asumiría, con gran reticencia, el papel de padre y tutor del mismo, suplantando el rol desempeñado por William Carlos Williams en la otra costa norteamericana.

Ginsberg llegó a San Francisco precedido por una carta de presentación escrita por Carlos Williams, quien había sido mentor literario y protector del joven poeta en su nativa Jersey. Fue justamente éste quien “liberó” la voz poética de su estudiante, al asegurarle que la base para lograr reconocimiento trabajando con métricas y estructuras clásicas era, como condición mínima, la perfección formal. Los poemas de Ginsberg eran imperfectos; pero su discurso, vernáculo, inconexo, directo e informal, sus largas oraciones (sostenidas por la musicalidad de "Los Cantos" Poundianos y unos pulmones igualmente masivos), llenas de imágenes más que ideas (“No ideas but in things”, WCW dixit), ofrecía un nuevo terreno, entonces inexplorado.

Alejado de los centros del poder y de los constreñimientos de la Costa Este, el San Francisco Renaissance había convertido la ciudad en una suerte de meca contracultural. Allí se encontrarían los vagos del Dharma con el único propósito de crear suficiente agitación para perturbar las mentes jóvenes de la américa de Eisenhower.

En octubre de 1955 tendría lugar el nacimiento oficial del movimiento beat. La lectura de “Los Seis en la Galería Seis” contó con la participación de Marshall McClure, Phillip Lamantia, Philip Whalen, Gary Snyder, Allen Ginsberg (todos ellos poetas aspirantes decididos a presentar sus trabajos) y de un ebrio como animado Jack Kerouac, mezclado en el público, que no paró de festejar cada intervención. Fue en ese estrecho ambiente de vieja galería de arte que Ginsberg leyó por primera vez uno de los tempranos borradores de “Howl”, su obra maestra y poema más conocido (si acaso no el más representativo), que provocó en la audiencia una estupefacción tal que Lawrence Felinghetti, también poeta y propietario de la mítica editora, tienda de libros, café literario y garito de drogas ocasional, “City Light Books”, no tardó en solicitar a Ginsberg el manuscrito para encaminar la publicación. Esa noche el aullido beat resonó en todo el mundo, un aullido por Carl Solomon, un aullido para derribar todas las instituciones, un aullido para despertar nuestras conciencias.

Con la publicación de “Howl y otros poemas”, en 1955, se daba por inaugurada una nueva era en el devenir poético occidental. Anticipado por Ezra Pound y Walt Whitman (el epicentro del modernismo poético el primero y autor de “The Wasteland”, cuya urgente lectura trastornó permanentemente las preferencias poéticas de Ginsberg, el segundo), este movimiento, de inmediatez lírica y renovación moral y estética, terminó fragmentando las venas tradicionalistas, hasta el punto de hacer de cada voz, de cada poeta, una escuela propia y llena de particularismos. En el lustro siguiente tanto “On the road” (1957) de Jack Kerouac como “Naked Lunch” (1959) de William S. Burroughs serían publicados, en medio de una gran receptividad popular (especialmente juvenil), a pesar de las encontradas posturas de críticos, teóricos y académicos, que si todavía tenían problemas con el verso libre y la expansividad temática de Whitman, sin duda le pondrían grandes reparos al trabajo de estos noveles autores, toxicómanos, libertinos e inconformistas todos ellos.

No olvidemos que los Estados Unidos en la era McCarthy alcanzaron un nivel de puritanismo sin precedentes, por lo que la interdicción a “Howl” (con juicio y prisión para el editor Felinghetti, por considerar los censores la obra pecaminosa e indecente, un atentado contra la moral pública) tuvo que zanjarse en un juicio, muy mediático, que no hizo más que atraer mayor atención sobre los beatniks, para deleite de Ginsberg. Un año de litigios fue necesario para levantar la veda a la obra (que había sido decomisada, a pesar de la astucia de Ferlinghetti, que la hizo imprimir en Inglaterra, previendo la situación). Por entonces los beatniks ya eran la punta de lanza de la contracultura, y “Howl” su grito de guerra.


"I think any gesture we make consciously, be it artwork, a love affair, any food we cook, can be done with a kind of awareness of eternality, truthfulness."

Tras “Howl” Ginsberg se vería en una posición de estrellato anteriormente impensada para un poeta. En plena transición hacia el movimiento hippie (contradictoriamente tal viraje es visto por muchos como el fin de la era beat), Allen publicaría varios otros trabajos, entre los que resalta “Kaddish for Naomi Ginsberg”, un personalísimo recuento de su experiencia con su madre, muerta un año antes, y en el que fusionaba elementos intimistas (escuela poética norteamericana casi antecedente a ésta) con su técnica propia, derivada de la experimentación libre de su admirado Kerouac. Décadas después Ginsberg seguiría recibiendo gran fanfarria y galardones por su obra. Dignas de particular mención son “Reality Sandwiches”, “The Fall of America” y “The Yage Letters”, a dúo con Burroughs.

Sería el de Ginsberg un rol pivotal para la literatura contemporanea norteamericana, al haber sido proclamado (extraoficialmente y para su desagrado) “líder” visible de los beatniks. Aglutinando tanto la Escuela Neoyorquina con el Renacimiento de San Francisco, encendió la mecha de la “escena” que predominaría en esa ciudad durante los 60 –aunque esa, como la del Summer of Love, es otra historia– y serviría de puente entre los discípulos del Black Mountain College y la segunda oleada de poetas nativos de la Costa Este (muchos de ellos involucrados ya con la estética urbana del Hip Hop, como es el caso de Amiri Baraka, Saul Williams o Bob Kaufman). En repetidas ocasiones Ginsberg fue “curador” de antologías poéticas contemporáneas, y su cimera figura terminó encarnando a los maestros de nuestra era, tras el prematuro deceso de Kerouac y ante la errática conducta de Burroughs, mucho menos dado al perfil estelar; consiguiendo así una suerte de estatus de leyenda viviente, que parece perdurar incluso tras su desaparición física.


“Howl of the unappreciated : I saw the best meals of my generation / destroyed by the madness of my brother. / My soul carved in slices / by spiky haired demons.” Lisa Simpson

Campeón de múltiples y controvertidas causas (abierto promotor homosexual, profeta de la liberación mental por medio de la experimentación química, acólito de religiones orientales, etc.) una de las principales interrogantes sobre su persona, o personaje público, estriba en su ideología política. Se lo suponía comunista, herencia probable del vientre materno, pero Allen Ginsberg era en realidad un disconforme patológico; le encantaba protestar, increpar, desnudar tabúes. Por eso es que fue deportado de la Cuba Castrista, no solamente por querer fumarse un porro tan gordo como el habano de Fidel, o piropear al Che (ambas actividades altamente ilegales en la isla). Por esa razón lo expulsaban de todo país socialista al que visitaba, como prominente escritor-poeta-intelectual-icono pop antiimperialista. Invitado como camarada anti-capitalista terminaba expulsado como peligrosa amenaza contra la moral y buenas costumbres.

Pero a pesar de sus actitudes o textos (algunos profunda y solapadamente obscenos, sexuales y taimados en el uso de vulgarismos) Ginsberg era un nobilísimo sujeto. Como ejemplo tenemos al barbado patriarca que detuvo, cual León Magno a Atila, a los Hells Angels, evitando una potencial masacre tripartita (recordémosla aún lejana de Kent State) en las protestas contra la guerra de Vietnam, que él mismo organizó en 1965. Claro, si el Papa ofreció oro pontificio y tierras a los hunos, Ginsberg se tomó el “LSD de la Paz” con el cabecilla de los violentos motoqueros (que pasaron de aborrecer al poeta, “por marica” a respetarlo profundamente).

El alto perfil que Ginsberg desarrolló supo mantenerlo hasta el final de sus días, en los que se lo podía ver recitando su “Ballad of the Skeletons” en un cortometraje dirigido por Gus Van Zant, sobre unas apocalípticas imágenes de archivo, musicalizadas por Paul McCartney. Sin embargo, su relación con la música no era reciente, puesto que había salido de gira con Bob Dylan en el “Rolling Thunder Revue” (en mi opinión uno de los mejores tours –experiencia colectiva multimedia le sienta mejor que solamente concierto – de la historia del rock), aunque antes ya se había colado en el video de “Subterranean Homesick Blues”, casi como un objeto de utilería. Grabó también un puñado de discos (incluido un LP con blueses y rags, además de sus usuales lecturas registradas fonográficamente) y se ocupó de recitar el mantra Hare Krishna entre hippies, que lo habían asimilado como uno de los suyos, a pesar de ser un eterno estudiante budista. Un verdadero personaje pop, no cabe duda.

Fue justamente Ginsberg quién propició la aparición del poeta-celebridad (que yo sepa ningún otro escritor ha gozado de un obituario en la web de “E! Entertainment Television”, por ejemplo). Es más, Ginsberg está tan profundamente insertado en la cultura popular que tras su muerte, el 5 de abril de 1997, su omnipresencia no se ha diluido ni un poco, como ya antes sospechábamos; y así nos lo encontramos (a él o a su trabajo) referenciado por John Waters, los Simpson, Tom Waits, Black Rebel Motorcycle Club y un largísimo etcétera, que cuenta a tributarios, émulos, malos imitadores y discípulos por decenas.



"Nobody knows whether we were catalysts or invented something, or just the froth riding on a wave of its own. We were all three, I suppose."

El Movimiento Beatnik, comprometido con una transformación de conciencias y en constante desafío a la escritura convencional por medio de su poesía, desnuda, emotiva, confesional y directa, en completa oposición a la ortodoxia impersonalista, aterrada de la emoción; hizo eco posmoderno del modernismo (perdóneseme el involuntario pleonasmo) y comenzó a permitir la prevalencia de una estética diversa, de muchas voces, estilos y preocupaciones, cercana a las nuevas tecnologías y paradigmas de la comunicación, involucrada con la sociedad cambiante como con la preeminencia de la imagen sobre el texto; y logró socavar definitivamente la tiranía de los escolasticismos y cánones clásicos, creando a partir de su nueva forma poética una “nueva” tradición lírica occidental.

No es exagerado afirmar que los beatniks, que le dieron a la cultura popular tanto como tomaron de ella, construyeron una particular constelación de influencias mutuas. Así el estilo de Ginsberg, tan deudor de la Prosa Espontánea de Kerouac, como de la musicalidad de Ezra Pound, o la parataxis elipticoide, en roce constante con la construcción lírica oriental y emparentada en su manejo de las stanzas (muy especialmente en el caso de “Howl”) con Christopher Smart, actuó como un condensador, incorporando, con su empeño anafórico, todo este bagaje en el subconsciente colectivo-literario occidental.

La influencia Jazz judaica -improvisando una catacresis que Ginsberg habría saboreado- de su trabajo, constituye el mazazo definitivo que quebró el formalismo en la tradición poética, propugnando la búsqueda de una voz perdurable en un entorno más cercano y, quizás, “vulgar”. Valga el budismo, las drogas, los esfínteres y NAMBLA para tales efectos.

Volviendo a “Howl”, que retrata la “ruina” de una generación con la valentía suficiente para tirarse a las fauces de Molloch y desafiar los convencionalismos sociales, abrazando el desenfrenado rumbo de la autodestrucción, en un papel casi mesiánico; todo esto me lleva a preguntarme: ¿Había que seguir el camino de Robert Lowell en lugar de esta autopista interna? Me arriesgo a pensar que no es así.

Allen Ginsberg es tan grande como la generación beat imprescindible para comprendernos hoy día. No hace falta especular demasiado, sugiriendo que hoy habría enfrentado a Bush (RATM leía el “Fall of America” de Ginsberg en algunos de sus conciertos), u horrorizarnos pensando cuánto puede haber llegado a degenerarse el aporte de estos poetas, herederos genuinos del más grande poeta americano Walt Whitman, que ya percibiendo aquella degradación se apresuraron por desembarazarse de la etiqueta “beat”, con mayor o menor éxito. Hoy pocos ya recuerdan a los beatniks como aquellos sujetos de perfecta barba triangular resbalándoles la barbilla, bigotillo de lápiz, boina afrancesada y bongoes para acompañar sus recitaciones, en interludios jazzísticos, bajo el siseante humo de la marihuana (¡Cuán "culpable" era Ginsberg por este estereotipo!). Sin embargo hoy, a medio siglo de su publicación, y con su autor ya muerto hace una década atrás, siguen existiendo motivos para aullar.


"Since art is merely and ultimately self-expressive, we conclude that the fullest art, the most individual, uninfluenced, unrepressed, uninhibited expression of art is true expression and the true art."



N. del E. : Escuche a Allen Ginsberg, aquí.

9 comentarios:

romeo dijo...

Don Javier, podrá usted publicar una versión pirateada de Howl, de Ginsberg? tengo una muy mala traducción y me parece q ese poema es la yema de Allen, quizás la yema del beatnik. Dale.

Romeo.

*La Jefa* dijo...

si, tengo pizzajauregui@hotmail.com , pero es top secret, eh?
y no me debes nada, esteb post lo compensa.
besudos!

Javier Rodríguez dijo...

Hola a todos

Gracias por las visitas y los comentarios.

Romeo : Aquí encontrarás "Howl" en su más correcta y completa versión disponible en línea :

http://members.tripod.com/~Sprayberry/poems/howl.txt

Para escuchar más a Allen, pues pasate por aquí :

http://www.hibblenradio.com/AllenGinsberg.html


*la jefa* :

Gracias por la visita y el link. Estaremos cayendo por tu bitácora con frecuencia. Un saludo.

romeo dijo...

gracias por los links!

(Diego Loayza) Oneiros dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
(Diego Loayza) Oneiros dijo...

Felicidades: Me encantó este viaje por la vida de este beat incurable. No te olvides que aparece en la celebérrima Naked Lunch de Cronenberg; allí se abre un debate de sumo interés: Ginsberg dice que una obra hay que pensarla y repensarla desde TODOS los ángulos posibles, Kerouac, al contrario insiste en el respeto a las "ideas más primitivas". Burroughs sentencia: "Exterminate all rational thought".

Felicidades nuevamente

Anónimo dijo...

Your blog keeps getting better and better! Your older articles are not as good as newer ones you have a lot more creativity and originality now keep it up!

Anónimo dijo...

His poor parents, to have birthed auch a fool. Being a total narcissist writing odes to the lust for young boys never learned from the Dali Lama

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cynn dijo...

Hola a tod@s!!! quisiera preguntar si alguin sabe como puedo descargar el libro "Kaddish" de Ginsberg. muchas gracias!!! y buen dia.Cynthia