lunes, febrero 25, 2013

Los mejores discos de 2012 (I)

1. Swans – “The Seer”


Walter Benjamin era un tipo más listo de lo que creemos. Olvídense de "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica", aquí lo que nos concierne es su interpretación del Angelus Novus de Paul Klee. Nos interesa esa alegoría del observador horrorizado por la secuencia de catástrofes que conforman la historia humana, pero que está al mismo tiempo fascinado y forzado a contemplarla. Esa es la entidad-personaje central a este disco. "The Seer", el vidente, un ser que también representa a Swans, que aquí intentan construir una escalera hacia Dios usando peldaños de detrito sinfónico. El rapto místico es el hilo conductor de la obra de Swans, y también de este disco, así que lo de la posible analogía con el Angelus Novus no es tan raro. Lo llamativo es cómo esa idea se coló en los resquicios menos esperados del debate artístico en 2012. Desde los que en serio/en broma usaron la escatología azteca como tema, al senil Vargas Llosa y su diatriba contra la "espectacularización" de la cultura. También lo vimos en la música de otros grupos que conforman este ranking, que sintieron en el aire ese mismo agotamiento, una impresión de lienzo repleto. Por haber hecho de esa sensación terminal algo tan monumental como "The Seer", Swans han merecido ser nuestro disco del año.

Fundados en 1981 por Michael Gira, líder y único miembro constante del grupo, Swans siempre han perseguido una música de intensidad ominosa, que cree en el ruido y la disonancia como una experiencia transformativa. Eso los ha llevado de la No Wave al noise industrial, pasando por el post-punk y un folk de tintes góticos. Durante ese tiempo Swans tuvieron el éxito que una banda de este estilo se supone puede tener, por lo que en 1996 Gira decidió dar el capitulo por cerrado. En 2010, tras años persiguiendo proyectos solistas bastante distintos en tono y forma a lo de su primer grupo, Gira anunció el regreso de Swans. Pero no pretendía enriquecerse girando en el circuito nostálgico, había convocado a su vieja banda porque necesitaba ese instrumental de expresión. ¿Para qué reactivar Swans, ese arrebato que lo dejó en la quiebra moral y financiera? ¿Por el puro placer de rascar cicatrices antiguas? Durante la década pasada Gira se había convertido en un empresario indie de moderado éxito (en su sello "Young God" descubrió a Devendra Banhart y Akron/Family, por ejemplo). ¿No se suponía que Swans estaban muertos?

Pero ese camino es también importante, al marcar un tránsito paralelo al exilio que Said vio producirse en la obra tardía de Beethoven, pues Gira retorna a Swans en un momento en que se siente capacitado para culminar su trayectoria. Antes de matar a Swans en 1996, Gira usó ideas y retazos de su todo catálogo para, al estilo de Teo Macero o Can, ensamblar su (aparente) legado: el monolítico "Soundtracks for the blind". Pero el proceso falló, pues una banda como Swans demandaba un clímax tan intenso como orgánico en su desarrollo. Un collage no servía, por cuanto no se le podía imponer orden y sentido a la música de esta banda. No es una coincidencia que ambos discos, concebidos como totalizadores para Swans, refieran en su título a la capacidad perceptiva y, con distintos arsenales sonoros, invoquen el exceso como mecanismo creativo.


En lo musical se puede explicar este disco con facilidad: es una mezcla brutal de la "Symphonie N°2" de Henryk Górecki y "Ummagumma" de Pink Floyd. ¿Con semejantes genes, se puede decir que esto es post-rock? No. Están pensando en GY!BE. Además, es imposible hablar de post-rock mientras existan los discos eléctricos de Miles Davis, puesto que "Bitches Brew" es post-rock al ponerse más allá del linde sintáctico de ese idioma. Eso sí, por otros senderos, "The Seer" es lo más cerca que ha estado una banda de rock de llegar a ese punto. No sorprende que uno de los discos favoritos de Gira, "On the corner" del mismo Miles, lo sea por su abstracción compulsiva. La visceralidad, tan particular al estilo de Swans, viene de los sospechosos de siempre: los Stooges, los Doors, Frank Zappa, Howlin Wolf... Pero, incluso así, le llega al grupo desde las facetas menos usuales de dichos referentes: "We will fall", "When the music is over", de sus discos con The Mothers of Invention, etc.

Lo difícil está en describir las sensaciones que provoca este disco, que es algo así como una épica de la abyección. Gira es amigo de lo místico, así que era de esperar tanto la proporción bíblica del álbum como su repetitividad, ambas características apropiadas para un ritual pagano. Como toda posesión, ésta es una experiencia extenuante y aterradora, aunque desemboca en la transfixión que persiguen con tanta vehemencia Swans. Se podría decir que “The Seer” nos pone por un par de horas en la perspectiva del Angelus Novus. Pero al contrario del post-rock, aquí lo importante no es la complejidad técnica (altísima en "The Seer" o "Lunacy"), ni la pura inclemencia sonora (hasta el metal más sádico pasa por una cajita de música comparado con esto). Lo relevante está en cómo Swans trasciende toda descripción y crea un mundo post-musical. Tras este salvajismo sonoro no se pueden reconocer ni ruinas: ¿"Mother of the world" suena oriental?, ¿Califica "93 Ave. B Blues" como free jazz?, ¿Es "A piece of the sky" drone folk? Lo mucho que nos dice ese caos del estado de nuestro entorno cultural es otro de los grandes triunfos de Swans.

Dice un antiguo proverbio, atribuido por igual a Eurípides e Isaías, que a quien Dios quiere destruir, primero le envía la locura. Como le pasaba a Funes con la memoria, el vidente también está maldito. Uno no puede elegir qué ver y qué no ver, o cuándo hacerlo. Esa tortura es la que impulsa tanto "The Seer" como "The Apostate", canciones centrales del disco, pues con ellas entendemos que Gira en realidad no estaba tratando de exorcizarnos a nosotros con su furia noise. El exorcismo era primordialmente para él. De ahí la agónica repetición de sus partes vocales en "The apostate". Esa también es la "locura divina" que acabamos de mencionar. Y la que sufre, sin poder hacer nada para cambiarlo, el Angelus Novus. Por todo esto "The Seer" es el disco en que la deriva radical de Swans cobra sentido y, lo que desde cerca parecía provocación descarriada, se nos presenta ahora como un enorme y magnifico fresco –pienso en El Juicio Final de Miguel Ángel– que tomó 30 años crear.


1 comentario:

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