domingo, mayo 10, 2009

Una semana en el motor de un autobús

No quiero ni pensar en las 23 puñaladas del César. Si quince son suficientes para provocar lo que vimos el pasado martes, prefiero ni enterarme. Y es que unos descontrolados matarifes decidieron protestar carneando a un toro "en vivo y en directo" –en plena puerta de la Alcaldía de Quillacollo, la tarde del martes. Ciertamente el faenado es una operación brutal y sangrienta, pero se ejecuta normalmente con precisión instantánea. No sucedió así ese día, cuando una prolongada tortura antecedió al asesinato del toro (que recibió una ronda de puñaladas e incisiones estando vivo y de pié); y aún no contentos con eso, los matarifes decidieron, una vez estuvo tumbado el animal, saltar sobre su estómago, provocando que una riada de heces y sangre salpicara los suelos, rostros y paredes. Recién ahí decidieron liquidar al animal, para poder seguir esparciendo su sangre y entrañas por las paredes exteriores del Municipio. Y por brutal que suene esto, no resulta muy distinto a lo que el hijo de puta de mi vecino acaba de hacer. Al salir a recoger el periódico pude ver a mis seis gatos agonizando, entre convulsiones, heces, baba y estertores. Finalmente cumplió su amenaza, me dije mientras trataba de contener las arcadas. Limpiando el patio de esa mezcla de vómito, sangre y pellejos, pensaba que una mejor venganza que matarle al hijo era suicidarme en su puerta, obligándolo así a limpiar mis sesos de sus paredes. Pero no sería justo. Tampoco lo sería comerse, en sendos filetes, a los crueles matarifes quillacolleños. ¿Qué más se puede hacer salvo decepcionarse en silencio? La verdad es que un mundo así no se merece nada bueno. ¿Dónde rayos están el Armagedón, o los invasores marcianos, cuando se los necesita?

La invención de Lionel

No hace falta recordar que esta semana comenzaba de la mejor manera posible. Un formidable partido (el 2-6 del Barcelona sobre el Madrid, en el Santiago Bernabeu) que no solamente representaba ¾ de liga para el Barça, o una hazaña de proporciones mitológicas, sino el fin de esa teoría conspirativa que aseguraba que la, también memorable, persecución del Madrid terminaría quebrando a los culés. Pasó todo lo contrario, y el Madrid quedó expuesto como un equipo más currante que talentoso, a muchísima distancia de la apisonadora de pétalos que puede ser el Barça –en sus días inspirados, claro, pues en los malos también pifia bastante. Aquel sábado atestiguamos la consagración gloriosa de un fútbol que este mundo no se merece. Menos un mundo culé en el que, está científicamente comprobado, nos alegran más las derrotas merengues que las victorias de nuestros propios efectivos.

El Madrid del resucitado Raúl y del bilardista Juande Ramos tuvo la mala suerte de toparse con el mejor Barça de la temporada (corrección, el mejor Barça de la mejor temporada de su historia). Y soportó una exhibición de escándalo, tanto que la diferencia entre los azulgranas y los blancos era la misma que se ve entre un equipo profesional y uno amateur. El Brasil del ‘70 con mi Cala Cala, digamos. La diferencia entre la Bolivia (y la Argentina) del 6 a 1. A pesar de lo exagerado del resultado, a nadie se le ocurrirá negar que representa el abismo de calidad existente entre un Barcelona de fantasía –mejor que el de Ronaldinho, que el sobrevalorado Dream Team y hasta que el Barça de Cruyff y Sotil – y un Madrid difícil de abatir pero imposibilitado de materializar sus propias ideas.

Lionel Messi fue el claro artífice de este partidazo. Pero lo consiguió solamente gracias al espejo de tres cuerpos en el que se refleja su genio. Xavi e Iniesta terminan de componer ese enorme eje que tiene en Eto’o y Henry dos arietes de excepción, soportados por el pedestal mixto de Puyol y Alves. Cada uno de esos seis goles, cada toque, cada gambeta, certificaron la grandeza de un Barcelona cuyo juego –aquella noche– no sería impreciso, ni hiperbólico, calificar de perfecto.

Collons!

Aún carreteando la euforia del superclásico, el miércoles el Barcelona se enfrentó con el Chelsea, buscando conseguir su pase a la final de la Champions League. Pero contrapuesto al curtidísimo Gus Hiddink, Pep Guardiola quedó expuesto como un técnico más voluntarioso que hermenéutico. Descifrado y contrarrestado en 180 minutos por un Chelsea que, de no ser por su pragmatismo, tampoco merecía su segunda final consecutiva, el Barcelona que vimos en Stanford Bridge estuvo entre los peores de la temporada. Desorientados, impotentes, con un juego de enanos, el Barça nos resignó por 90 minutos a un nada grato tercer lugar.

Acongojado, ya en el minuto 91, pensaba cuán útil sería una máquina que pudiese perpetuar –mediante la proyección, claro– el juego inspirado del 2-6. Cuando el cumpleañero Alves marraba centro tras centro, o Messi se esfumaba bajo la marca de tres fornidos blues, todo parecía perdido. Y tenía lógica, pues la misma filosofía del Madrid –ejecutada aquí por efectivos de mayor calidad y rodaje– estaba derrotando a un Barcelona más dado a las intermitencias del talento. Ya los últimos instantes del alargue parecían lapidarios en este sentido. Nos despedíamos, nuevamente, con el ínfimo consuelo moral.

Pero el Barça se benefició de un dispositivo que, en años recientes, lo ha estado favoreciendo bastante –aunque la mayoría de las veces canalizado por Messi. Replicando otro de los hitos de su pasado, Andrés Iniesta hizo de Vaquero en Kaiserslautern y clasificó, en el último suspiro, al Barça a una final europea. Con mucha fortuna, vocación épica y especialmente collons, los azulgrana le torcieron el brazo a un disciplinado Chelsea. Los méritos no cuentan, tampoco las ayudas arbitrales (innegables aunque fortuitas). El Barça se aseguraba el pasaje a Roma de una forma que le es poco usual -al minuto 93 y por la escuadra-, pero no por ello menos necesaria. Y la verdad es que sin esto –suerte y cojones– tampoco se puede ser campeón.

Cumpleaños total

Se avecina una semana brutal para cualquier hincha blaugrana. La temporada se juega en apenas dos o tres partidos. Si bien es cierto que la Liga está casi asegurada –mucho más tras el tropiezo madridista de anoche–, y que podría confirmarse el campeonato tan pronto como hoy (de ganársele, en el Camp Nou, al Villareal), no deja de ser cierto que un doble traspié en la Copa del Rey y en la Champions podría darle a esta temporada un final más agrio que dulce. O que el suspenso podría terminar alargándose por varias jornadas más.

Sabemos que en el fútbol el merecimiento nunca garantiza nada. Que por su juego este Barça merezca el triplete y un Balón de Oro para Messi, otro para Xavi y aún uno más para Iniesta, significará realmente muy poco si, al final, el maravilloso Barça 2008–2009 se queda con las manos (semi) vacías. Que por torturar toros o envenenar gatos tampoco merezcamos un Barça con un fútbol de este nivel –o el fabuloso Together through life, entre tantas otras cosas– tampoco es real. Si de merecimiento se tratara, deberíamos seguir pegándonos con huesos en la cabeza. O anoche, y me puede aquí el chauvinismo, nuestra selección sub-17 tendría que haber clasificado al mundial de Nigeria. Pero el fútbol no funciona así –y bien vistas las cosas, realmente nada lo hace.

Y así, el próximo miércoles frente al Athletic de Bilbao, jugándonos la menospreciada Copa del Rey, o el 27 de mayo en Roma y peleando la Champions League con el detestable Manchester United, ni la suerte ni el mérito tendrán mucho que ver. Lo de la justicia es casi una ilusión en estos casos –como esperar que mis seis gatos se coman al vecino. Tan irreal como pedir al mundo el acto piadoso de no intervenir en el desenlace natural de esta temporada. Y ojalá comencemos la semana con la justicia de un río, cantando el alirón esta misma noche. Por de pronto, ¿alguien me ayuda a romperle los vidrios a mi vecino?

6 comentarios:

El cuervo dijo...

tranki, che. al vecino ya lo vamos a arreglar. una pieza de prosa tremenda esta (te acordaste acaso de la escena clasica de tony saliendo a recojer el diario? es ke al vecino lo vamos a tratar a la soprano). el futbol es griego traducidio al chino pa mi. mas bien TTL habria ke verlo como un regalo del cielo en este mundo grone.
sorry por los felinos
abrazo

Santiago dijo...

Yo te ayudo a romperle los vidrios, y lo que sea necesario, al vecino. Qué hijo de puta.
Pese al chasco del domingo, esta tarde habrá regocijo por la Copa del Rey.
Bien por el artículo.

Javier Rodríguez dijo...

Cómo es Cuervo!

Gracias por las vandálicas ofertas. Lo del episodio de "Los Soprano" vino en retrospectiva. No estoy seguro, por ello mismo, si se coló por ahí algo involuntario. Lo cierto es que ver una hilera de seis gatos moribundos no es lo más placentero para una mañana de domingo. El vecinillo se merece una "This is what happens when you find a stranger in the Alps!" -ahem.

Lo de la queja por TTL suena, también en retrospectiva, medio emo. Je je. Por suerte hoy sí ganamos la Copa del Rey. Y medio frésonística resultó la nota, ¿no ve?

Santiago, gracias por la oferta. Ya te contacto por "línea baja" para organizar esta operación de contingencia urbana. (Je) Entre el cercano triplete, el disco del Bob, y nuestra victoria en el clásico de mañana -para silenciar a esos auroristas insolentes que, como el Lucho, creen poder comparar sus 14 años en segunda con algunas semanas de mal fútbol- voy intentando olvidar la felina tristeza.

Gracias también por leer el post -cortito estaba- y por tus comentarios. Es bueno saber que pasas por acá, así se anima uno a seguir publicando novedades.

Un abrazo a ambos, gracias por la visita y comentarios. Ya nos estamos chequeando.

Camélida de las Flores dijo...

El silencio apremia... Sólo leí la parte del toro y lo de tus gatos. Historia ajena, pero no tanto.
Por eso siempre digo que -al menos yo-, no soy compatible con el mundo.

Permiso.

Viagra Online without prescription dijo...

bueno realmente no se por qué diablos estoy comentando en este blog porque yo soy un madridista empedernido jajaja pero bueno si pienso que esta bueno el blog, aunque tenga entradas sobre mi archirival

Anónimo dijo...

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