sábado, abril 05, 2008

Creo que olvidé la cabeza en el baño


Este es, casi sin lugar a dudas, uno de los discos más importantes de los ochenta. El verdadero disco de “modernidad e innovación” de la década, cerrando la trilogía fundacional del rock alternativo junto con "Zen Arcade" (1984) de Hüsker Dü y "Daydream Nation" (1988) de Sonic Youth. El segundo álbum de los enormes Pixies –aunque también se lo puede considerar como el debut discográfico de la banda, en términos de producción–, "Surfer Rosa" fue el trabajo que sentó las bases musicales para una nueva forma de hacer rock, derrumbando las puertas hacia nuevos sonidos e inspirando a toda una generación de adolescentes, que comenzaban a empuñar sus instrumentos a mediados de la década del electro pop y los bigotes a lo Giorgio Moroder; pero que algunos años después, ya entrados los noventa, iban a liderar la movida musical de aquella década. Entre los conmovidos se encontraba Kurt Cobain, quien encontraría en esta placa la inspiración para escribir el igualmente icónico "Nevermind" (1991).

Este trabajo se encuentra cronológicamente adelantado al resto de lo que se hacía en Estados Unidos por aquel entonces, y rivaliza en su frescura solamente con "Murmur" (1983) de R.E.M., "Doolittle" (1989) de los mismos Pixies, y tal vez "Let it be" (1984) de The Replacements. Si bien en los ochenta existió una movida musical bastante interesante, en especial con el post-punk, el hardcore, el revival sónico del jangle pop o el naciente hip hop (ya en otras aguas este último), estas vertientes fueron perdiendo fuerza conforme la década llegaba a su fin. Es ahí que esta banda surgida en Boston iba a revolucionar la música, creando un disco de furiosa intensidad, que capturaba el zeitgeist del cambio de década sin sonar fechado, más aún, casi con un sonido condenado a parecer perpetuamente moderno. Los Pixies, un grupo considerado como parte del rock universitario, iba a ser el buque insignia de lo que sería conocido posteriormente como indie rock, fundándolo todo con un disco que iba a definir todo este movimiento en la forma de componer y producir, en la forma de pensarse y pensar la música. Ese disco es justamente "Surfer Rosa".

El contenido violento, sexual, un tanto existencialista, pero principalmente surrealista, es el componente lírico de este segundo disco de la banda. Los temas compuestos por Black Francis, guitarrista y frontman del grupo, tocan de una manera algo insana éstas temáticas, predilectas suyas aún hoy. Las sensaciones, dignas de un esquizofrénico, y el mensaje que transmite el disco, es una de las primeras innovaciones que hace el grupo con éste álbum; encargándose, en resumidas cuentas, de presentarnos un lado oscuro y algo degenerado en la música, dejando claro que en los ochenta no todo era neón, new wave, “Safety dance” y Wham, pero lo hace sin caer en el oscurantismo poético de The Smiths, y aparentemente con un afán más lúdico del que rezumaba la tradición post-punk.

Esa agresividad lírica se desplaza también a otro plano, el musical. La violencia en la interpretación, con guitarras distorsionadas y bastantes gritos, es uno de los componentes más notables de esta placa; sin embargo, también existen elementos armónicos a lo largo de toda la misma, que inclusive rozan el pop -y a veces incluso en una misma canción-, creando una mezcla de versos armónicos edificados sobre tensas guitarras, en desplome sobre una base musical en la que predomina una batería tremendamente energética y de pulsos nítidos, un bajo embriagado y mimetizado en el tejido rítmico sin perder su identidad, y una guitarra no tan destruida en su vocalización (a cargo del magistral Joey Santiago), consolidando una estructura que en los estribillos daba paso al caos total, al ruido descontrolado y a los alaridos de un grupo que se dejaba llevar hasta llegar a extremos insanos.

Tal balance entre melodía y disonancia remitía instintivamente a elementos de la música concreta y el free jazz, pero en realidad esa intuición no podía mirarse sino era desde una evolución muy propia del garage rock, destilada siguiendo nociones que se distanciaban en lo más explícito de punk, pero que tampoco tenían demasiado que ver con el rock clásico. Ese concepto, por fuerza novedoso, se heredó como un descontrol virtuoso a la hora de tocar –sin renegar del gancho melódico o del riff abortado entre ruido blanco– lo iban a heredar posteriormente bandas “indie” como Nirvana, Pavement o Built To Spill, reacomodándolo dentro del canon rock, con inflexiones siempre interesantes, pero debidas al sonido original de los Pixies.

El responsable de que este disco fuera tan diferente es Steve Albini, músico americano de noise-rock, frontman de Big Black, Rapeman y Shellac, además de ingeniero y productor. Albini fue contratado para darle a la banda algo que la distinguiera del resto. Es así que utilizando sus peculiares y poco ortodoxas formas para grabar produjo este sonido, extraño pero tentador, y completamente inédito en aquella época. Un iconoclasta que compartía filosóficamente con la banda, Albini también había advertido que sus técnicas de grabación directa ayudarían a mejorar el registro de la banda, estableciendo su identidad de una vez por todas. De tal forma la resonancia de la batería y las guitarras es impresionante, incluso de algún modo calificable de “natural”, así como la voz y gritos de Black Francis, que parecen convertirse en un certero golpe que va directamente a la nariz. Tampoco debemos olvidar la participación vocal de Kim Deal, bajista del grupo, quien en “Gigantic” –canción que oculta una historia cargada de sexo entre aparentemente inocentonas líneas, esparcidas en una melodía no necesariamente lasciva– ofrece una interpretación magnífica, consiguiendo que una simple tonada de bajo se junte con una guitarra sabiamente distorsionada, ofreciéndonos uno de los mejores temas del disco.

Capturando perfectamente la dinámica inexplicable de la banda (un estallido asordinado), "Surfer Rosa" también fue una revelación para los propios Pixies, que nunca habían podido canalizar su energía y crudeza melódica sino hasta colaborar con Albini. Así es que este disco no solamente ha pasado a la memoria rock como una obra reveladora, sino –y quizás ayudado por no tener el ancla conceptual de futuros trabajos de la banda– como el contenedor de gran parte de los hits del grupo. Canciones inoxidables que es imposible desmerecer por su condición exitosa, como “Bone Machine”, “Vamos” (¡y sus alucinaciones en español!), “Cactus”, “River Euphrates” o la esencial “Where is my mind?”, forman parte de este perfecto disco, en el que ni un solo tema parece fuera de tono o lugar.

"Surfer Rosa", el disco que sacó del agua a PJ Harvey, Billy Corgan, J. Mascis y cientos más, a pesar de haber sido lanzado hace veinte años, no se ha desgastado con el pasar del tiempo; es más, en las décadas posteriores ha ido recibiendo el reconocimiento por parte de la crítica y de un gran número de músicos, fanáticos de la banda, quienes en su mayoría nombran a esta placa como la que los convenció de dedicarse a la música, y no es para menos. Esta es una obra insuperable, desde la llamativa y provocadora tapa, pasando por el demente contenido lírico, hasta llegar a las capas de distorsión (la primera dosis en la que se mezcló perfectamente el noise y el pop) que ofrecen los Pixies en su mítico álbum, que sentó las bases del rock indie en las décadas siguientes y presentó el lado perverso e innovador de la música en los ochenta, anticipando lo que vendría en la próxima década por influyo suyo, habiendo llenado la cabeza a miles de jóvenes que -unos años más tarde- iban a crear su propia versión de ese sonido de halitos inalcanzables. Pero esa ya es otra historia.



2 comentarios:

adrián dijo...

Aún hoy este disco suena cabrón, como el "Loveless" de MBV..., ¿quien corno dijo q no hubo rock en los 80's?

La Música Que Escuchan Todos dijo...

Gracias por visitarnos y dejar un comentario, cumpa Adrián.

La verdad que sí había muy buen rock en los 80, ¿no?

Ni hablar del "Loveless", que no sé a cuántos nos habrá cambiado la vida. Música para olvidarte dónde estaban las cavernas. Que bueno que también seas fan del buen shoegaze.

La muletilla esa se la habrán inventado los mismos nabos que dicen que hoy no hay buena música. Perezosos.

Che, más bien a ver cuando te pasas por acá y organizamos una buena zapada, cerramos power trio con vos en los parches.

Un gran saludo