domingo, diciembre 13, 2009

Ama a tu maestro/Mata a tu maestro

Es tan cómodo recordar a Beck como el bufonesco slacker de “Loser”. Claro, todos amábamos su interpretación, lo-fi y desternillante, de la Generación X. Tanto así que es posible que gran parte del mundo se haya quedado con esa idea, con la imagen del esmirriado pelilargo y el éxito de lo que amenazaba ser un “one hit wonder”. Pero quince años después, con varias obras maestras bajo el brazo, múltiples cambios de estilo y una capacidad inventiva a toda prueba, un mucho menos popular Beck cierra la presente década con frenetismo, trabajando sin tregua mientras nos confirma –a pura calidad y empuje– que no es injusto contarlo entre los genios de su generación. Apelando a los covers (una de las “armas secretas” de sus shows), a su inagotable veta de amigos músicos y procurando recuperarse del (inmerecido) tropiezo de Modern Guilt (2008), Beck parece decidido a recobrar el favor melómano, y ha apostado para ello por el extraordinario proyecto “Record Club”, que nos viene trayendo desde hace algunos meses por medio de su página web www.beck.com.

Comparado alguna vez con Bob Dylan por lo moderno y lúcido de sus letras, sin necesidad de calibrar lo exagerado de ese elogio, a Beck no se le puede negar un exquisito gusto musical. Esto es algo que ha demostrado siempre a través de sus discos, transparentes y superadores de sus raíces, sea con el anti folk chatarrero de sus primeros días, con la p
roeza sentimental de "Sea Change" (tan Serge Gainsbourg como Nick Drake o Neutral Milk Hotel), el funk blanco de "Midnite Vultures" (8 años adelantado a su tiempo, con ese retro-ochenterismo fatal) o el pináculo de articulación hip hop de "Odelay". Pero también ha conseguido destilar en su sonido referencias que van de lo sofisticado, como el tropicalismo, a lo rigurosamente kitsch, como Eddie Grant; alumbrando un discurso tan potencialmente divertido como musicalmente flexible. Es en ese crisol que nace “Record Club”, tanto un desenfadado homenaje a los discos que lo han formado, como una forma inteligente de matar el tiempo "entre amigos." El resultado es un experimento que permite acercarnos a obras maestras del rock desde una perspectiva fresca y libre de prejuicios o ataduras temporales, con el plus de estar siendo interpretadas por los mejores músicos de nuestros días.

Lo interesante del proyecto, al margen de la impresionante calidad de los “invitados” –que comentaremos más adelante–, está en el reto adicional de grabar las versiones en una sola toma, registrando el disco en apenas un día y sin mediar ensayo alguno. Una iniciativa parecida ya había sido anteriormente montada por Yo La Tengo, que en una especie de “Telemaratón” en apoyo a la emisora indie WFMU, aceptaba –a cambio de una donación– hacer un cover in situ de cualquier canción que pidiera el escucha, incluso si la banda no la recordaba o sencillamente desconocía. De Brian Eno a Billy Joel, pasando por Eurythmics, Velvet Underground, Yes y Randy Ne
wman, esa experiencia quedó registrada en el divertido "Yo La Tengo is murdering the classics" (2006), que sirve como precedente a este “Record Club”, en el que Beck y sus amigos procuran interpretar las canciones "de primera" –incluso con una chanchulla con las letras y acordes en la mano. Y también está la diferencia de que todo el proyecto se hace en un muy bien equipado estudio, con el mago indie Nigel Godrich tras los controles, y no en una improvisada sala de radio, como hiciera Yo La Tengo. Así la iniciativa promete incluso más, como podemos corroborar desde junio pasado y cada viernes en www.beck.com.

Para arranca con “Record Club”, Beck y sus amigos decidieron fácil y sin riesgos. Por eso se decantaron por registrar "The Velvet Undergound and Nico" de 1967, ahora con Joey Waronker, Giovanni Ribisi, Brian Lebarton, Bram Inscore y Chris Holmes conformando la
banda elegida para el experimento. Racionando las versiones a la publicación de una canción por semana, con instrumentos sin afinar, acordes no del todo resueltos y más ganas de divertirse que intenciones de sacralizar el material original, los resultados sin duda traicionan lo inmediato de la grabación, pero alcanzan una espontaneidad que consigue revitalizar las canciones de formas imprevisibles. Entre las versiones más notables aparece la delicada “Sunday Morning”, que no pierde lo fantasmagórico y renueva el sonido proto-indie de la Velvet por la vía de Elephant 6, o “Feme fatale” y sus destellos melódicos dignos de la magnificencia de Brian Wilson. En otras canciones encontramos ecos de anteriores obras de Beck, como en “Waiting for my man” y los toques soul que la hace parecer un out-take de "Midnite Vultures", o el efectismo klezmer de “Venus in furs”. Es cierto que hay temas menos memorables, versiones que simplemente fracasan y otras que podrían beneficiarse de un acercamiento más refinado, pero como carnada para mantener nuestra atención y cumplir la premisa detallada por el propio Beck, que dice no buscan “recrear el poder de las grabaciones originales, o ‘agregarles’ nada. Sólo tocar y ver qué pasa”, son mucho más de lo que esperábamos.

De cara a la segunda versión de “Record Club”, Beck volvió a demostrar su estupendo gusto al escoger "Songs of Leonard Cohen", de paso armando una banda todavía más estelar para afrontar la tarea: Devendra Banhart, MGMT, Andrew de Wolfmother y Binki Shapiro de Little Joy son los nuevos "reclutas" a los que echa mano Beck en esta ocasió
n. Adoptando un aura psicodélica y de garage rock electrónico (!), el experimento nos entregó versiones de Cohen que hacen que “Suzanne” suene como si Charles Manson habría comandado a los Beach Boys, le entregan “Master Song” a Afrika Bambaataa o añaden “Teachers” al repertorio de The Stooges. Con sus resultados más homogéneos y curiosos, el listón para la tercera versión de “Record Club” estaba muy alto, y prometiendo covers de Ace of Base (eso quiero escucharlo), Beck no tenía planeado ignorar las expectativas creadas, por lo que decidió convocar a Wilco para grabar versiones de "Oar" de Skyp Spence, un disco de culto que parecía predestinado para ser tocado por esta precisa combinación de músicos. Como vamos recién por la cuarta canción del disco, es arriesgado adelantar cualquier veredicto, pero si además de Wilco y Beck tenemos a Feist, Jamie Lidell y al legendario baterista James Gadson, no sorprende que el disco de Spence esté siendo honrado como se merece. Vayan de prueba la reciente “Weighted down”, “Cripple Crick” o “Little Hands”, todas geniales y disponibles ya en el sitio web de Beck. Así sólo nos queda esperar y ver si en próximas versiones caen los ya anunciados discos de Digital Underground o Michael Jackson, o si es que Beck tiene ya planeada alguna otra sorpresa quizás más impredecible.

Al terminar un 2009 en el que también ha producido a Charlotte Gainsbou
rg (el grandioso "IRM", disco resultante de esta colaboración con la actriz/cantante francesa, ya está disponible en la red), además de arremetido con “Record Club”, emprendido una serie de sesiones de DJ online tituladas “Planned Obsolescence”, realizado entrevistas delirantes con amigos como Tom Waits o Will Ferrel, homenajeó a ídolos suyos como Uri Geller o Harry Partch, compartido bizarras grabaciones de la TV japonesa y cooperado también con Cat Power y Sonic Youth, nos queda claro que Beck es un genio hiperactivo como Jack White, que en su tiempo libre no deja de descubrir nuevas formas de crear y sorprendernos. Y eso es algo que sus fanáticos sabemos agradecer, pues ciertamente no podemos seguirle el ritmo productivo, pero al menos nos ha dado mucho material para llenar nuestras horas ociosas -y lo mejor es que está todo disponible en su página web. En un año en el que los “supergrupos” se cuentan por decenas –de las que sólo Monsters of Folk parece salir bien parado–, Beck tiene la respuesta a toda esa afectación, y gana de mano con un proyecto estelar pero de bajo perfil, por ello mismo cercano y cálido. Mientras tanto otros dinosauricos ensayos se hunden sin remedio en la mediocridad autoindulgente (sí, Them Crooked Vultures y Dead Weather, los estoy mirando a ustedes), Beck sigue ganando al mejor estilo Beck. Así sí da ganas de corear con Beck eso de “Soooooy un perdedor. I’m a loser baby, so why don’t you kill me”.



3 comentarios:

Beto Invisible dijo...

Uhhh el gran Beck, es todavía un país no explorado completamente para mi. Aún vivo en "sea change", tengo que caminar por todas sus latitudes, ya mismo me voy a la página, ese cover a los velvet se presiente bien. Un abrazo

Beto

Pd.- No seas tan duro con los Dead Weather, mirá que la Rolling Stone lo ha puesto como disco del año jeje

Javier Rodríguez dijo...

Gracias por la visita, compadre.

Beck es re-capo, ya has debido comprobarlo en su web.

Ah, y bueno, Dead Weather no me movió un pelo -tal vez por el síndrome exexex (Expectativas Exageradamente Excesivas, je je)- y la verdad que creo que a la RS, especialmente en su versión gaucha, ya no le cree nadie. ¿O no?

Un gran saludo,

Beto Invisible dijo...

"Si este no es el pueblo, el pueblo donde está" o mejor dicho: si no se cree en la rolling stone, ¿entonces en que creer? jajaja

Con ninguna revista musical que aterrice por estos lados y con los canales musicales obsesionados con los realities (¿se escribe así?) pues no se tiene mucha información de lo que pasa afuera no?

Un abrazo
Beto

pd.-Escuche el disco del Sr White y Cia. y no es malo ni tampoco bueno, no salvó al rock and roll.