martes, marzo 31, 2009

Informe BAFICI 2009

Habidos en Buenos Aires por motivos Radioheadísticos, quiso el calendario que nos encontrásemos en la ciudad durante las primeras cinco fechas del BAFICI –el célebre Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. Indudablemente asistimos a cuantas funciones permitió la tiranía del presupuesto y cronogramas (además de la, algo justa, idea de no ir de viaje para pasarse el día en el cine). Balanceando, pues, esas tensiones, alcanzamos a ver cinco películas, que a continuación comentamos, compartiendo nuestras opiniones sobre una pequeñísima parte del festival.


“Mamachas del Ring” (2009) – Dir. Betty Park

Venidos del tercer mundo (¡Ay el complejo de inferioridad!) el hecho de estar en una premiere mundial, con el director en la sala para presentar su película –y después quedándose para el Q&A– ya ponía la cosa como para enmarcarla en la memoria; pero había que añadirle el hecho de tratarse de un documental rodado en Bolivia y sobre un tema nacionalísimo: las cholitas cachascanistas.
Adoptando un formato híbrido en el que la narración de los protagonistas conduce la trama, el tono retrospectivo y dialógico (de entrevista, es decir) que se da a lo largo del documental, lo hace a momentos redundante y excesivo. Hay imágenes que se entienden, y sobreentienden, solas. No hace falta añadir una explicación -forzada- a cargo de los propios protagonistas. Menos si estos parecen demasiado al tanto de la cámara, demasiado guiados por una voluntad externa. La recurrencia de este mecanismo termina vaciando escenas poderosas tanto de carga dramática como humorística.
Esta dudosa decisión de enfoque, en la que todo se dice antes que mostrarse, se redobla con la inclusión de segmentos animados (vía la cada vez más popular técnica de stop-motion con monigotes de plastilina), que no hacen otra cosa que ralentizar el flujo de la historia. Así consiguen socavar el saludable ritmo del filme, que con repetitivas “recreaciones animadas” se hace bastante reiterativo y –hacia el final– apresurado e inconclusivo con sus propias ideas.
Es indudable que “Mamachas del ring” tiene momentos interesantes. Respuestas sincerísimas de los protagonistas, jocosas salidas de tono (en una incorrección política que es casi todo lo “político” que tiene este documental), lo exuberantemente visual de ese amorfo ballet violento que es la lucha libre, las analogías trazables desde el simulacro vivido en el ring, lo notable y peculiar de los personajes y sus historias (Carmen Rosa "La Campeona", El Gitano, etc.), etc. Tal vez los suficientes para hacer que el visionado del documental valga la pena –para cualquier cinéfilo curioso (extranjero) y aún para los que pueden acercarse cada domingo al “multi” de El Alto–. También llama la atención el uso de canciones de los estupendos Chicha Libre, grandes revivalistas de la cumbia psicodélica de la amazonía peruana, lo mismo que la aparición de Juana Molina en algunos instantes de superior intensidad emocional (qué tienen que ver y cómo llegaron ahí esos sonidos, no lo sé.)
Apoyándose en la lucha de género, pero dejando lo racial, social, económico, fuera del ring, “Mamachas del ring” parece desaprovechar varias de las oportunidades que su propio pietaje le sirve. ¿No vemos al esposo de Carmen Rosa gimotear casi en actitud femenina?, ¿No se preguntan las célebres e internacionales “mamachas” si Evo sabrá que existen?, ¿Y existe vida para estas cholitas luchadoras fuera de El Alto?, ¿Por qué el extranjerizante "mamachas" y no cholas o cholitas?, ¿Ese bizarro choque visual es realmente la televisión de Oruro?, etc. etc.
Sin atrevernos, como algunos medios argentinos, a compararla con la extraordinaria “The Wrestler” (¡A igualar “Raging Bull” y “Bloodsport”!), satisface seguir encontrando miradas frescas dispuestas a dirigirse hacia temas bolivianos –más si estos no son atendidos por los documentalistas locales, o terminan siendo descubiertos por azorados connacionales en festivales de cine foráneos.

“Jesus Christus Erlöser” (2008) – Dir. Peter Geyer

El catecismo según Klaus Kinski. Todo un festín para los erotómanos del histrión alemán, el film de Peter Geyer es un documento valioso por recobrar las históricas actuaciones de Kinski en su polémico unipersonal "blasfemo" “Jesus Christus Erlöser”, en las que hacía una muy particular reinterpretación de la figura de Jesús y de la tradición cristiana. Dícese que Klaus se proclamaba vocero de un nuevo y distinto mesías, un paria enfrentado a los poderes de la iglesia y sociedad modernas. Y esto, dicho por un famosísimo sociópata conocido por su adicción al sexo y al dinero fácil, resonaba con más grande contundencia.

Casi sólo un registro audiovisual, pues se nota que la filmación no tenía ni la dirección ni consistencia de un documental, la cinta se sostiene exclusivamente por la presencia de Klaus Kinski –que es suficiente para los 80 minutos de caótico documental. Esto también se pone en evidencia cuando las cámaras toman un ángulo caprichoso, o enfocan un reflector, o se da un corte intempestivo, o un “boom” se cuela en el encuadre, o una segunda cámara estorba el campo visual, etc. Esto no se filmó para hacer una película, pero lo filmado es tan valioso que la película impuso por sí sola su destino.

Como fuera, Klaus Kinski es aquí el texto. Poco interesa el real contenido de su relectura facinerosa/hippioide del evangelio; lo que arrebata es la cercanía desnuda del proceso creativo (vemos a Kinski recomenzar la interpretación hasta seis veces, interrumpido por gritos y murmullos, al punto de quejarse por las 30 páginas mecanografiadas taladrando su memoria), la compenetración con la obra (cuando el rostro granítico, de un Kinski que ni pestañea por 40 minutos completos, es surcado por lágrimas conmocionadas uno hasta siente escalofríos), etc. Claro que la frontera entre la performance y la realidad deja de existir en el momento en que el público, con gritos y hasta irrupciones en el escenario, obliga a Kinski a quebrantar su concentración, a confundir a los fariseos cobardes con su indignada audiencia, a interrumpir de plano la personificación. Esto, casi como cuando los ojos de Kinski llenan la pantalla, es también estremecedor.

El valor del film, sin embargo, está en su capacidad para capturar la cruda energía de Kinski en su mejor momento y contexto: en un teatro (sobre un texto propio) y cuando malvivía (apropósito) el éxito de “Aguirre”. Kinski es aquí incluso más Kinski que en su personalísima “Paganini”. Y es casi mejor actor que nunca: consigue, pues, articular la tensión de toda una obra en su rostro, cuerpo y voz. Así, durante la hora y algo de puesta, Kinski se va transformando, la luz esculpe formas en su cara, le crece el pelo, su rostro pasa de un rictus acongojado a una faz joven y hermosa, sus gritos se aplacan en amabilísimas bienaventuranzas, etc… Aún así el público sigue reclamando por la conducta "impropia" del actor, por el contenido del texto, por el costo de las entradas, etc. Y Kinski, enfurecido, cancela la obra definitivamente.

Pero es ese abrupto final el que –a pesar de tomar por sorpresa a más de la mitad de la sala, que abandona tras los primeros (falsos) créditos– el momento que otorga sentido a la performance. Y es que Kinski vuelve a salir a escena, ya frente a escasísimo público. Agotado, aturdido, levitando, comienza a declamar sin micrófono. Para un círculo de jóvenes que, como los discípulos de Jesús a su alrededor, se sientan en silencio y escuchan. Comprenden. Y recién vemos al público en detalle, frente a la luz. Rostros aniñados, hermosos, son hippies pelilargos y chicas de piel delicada. Escuchamos las últimas líneas de la obra. Y Kinski ya no está. Ha sido absorbido por el haz de luz de un reflector, se ha transformado nuevamente. No alcanzan los aplausos.

Todo esto lo ofrece el documental de Greyer. Claramente no es para todo público, pero sin duda una joya para fanáticos de Kinski e imprescindible para cualquiera medianamente interesado en las artes escénicas –incluida, por supuesto, su faceta cinematográfica


“Arroz con leche” (2009) – Dir. Jorge Polaco


Una basura del tamaño del obelisco. Un festín de traumas y de simbolismos enrevesados hasta el punto de ser inaguantables. Una colección de ideas e imágenes “raras” que bordan el psicoanalismo con una supuesta vanguardia cinematográfica, en lo que al parecer ya es una tendencia para hacer lo que a uno le da la gana y venderlo por arte.
¡Cuánto daño le ha hecho Jodorowsky al mundo!
Me corrijo, ¡cuánto daño le han hecho sus malos imitadores al mundo!


“Rip! A remix manifesto” (2008) – Dir. Brett Gaylor



Un torbellino de grandes ideas, un canto militante por la libertad de la cultura y sus manifestaciones en un siglo en el que el forcejeo del poder y de la inventiva está estrangulando a esta última. (Y a este punto, que levante la mano el “criminal” que no haya bajado nunca una canción de internet).
Construido al ritmo y estilo “collage” de Girl Talk, el estupendo documental del director canadiense consigue lo que el mejor Michael Moore jamás soñaría hacer: un documental sumamente brillante, armado con los recursos y modos del objeto documentado, divulgativo/político al tiempo de ser divertidísimo, y por supuesto accesible para todo el mundo. Literalmente abierto a la cultura popular, su vistazo resulta esclarecedor y contundente, y demuestra que la cultura no puede (jamás) ser lastrada por lógicas económicas, políticas o afines. Aunque esto mucho se intente, por supuesto.
Lo que Gaylor ofrece en "Rip! A Remix Manifesto" se disfruta segundo a segundo, en ideas sólidas que mutan como un remix, que se nutren de fuentes impensadas y dispares (Gilberto Gil + Mickey Mouse + Robert Johnson + Doctorow, etc.), que sobrevuelan y recolectan voces de los nuevos medios y trabajan con ellos no desde la preplejidad del cine clásico o de la academia, sino con la irreverente mordida de un post de blog, con la estética de youtube, con el nervio político de Stephen Colbert.
El copyleft como salto al futuro, la virtualidad como nuestra única comunidad posible.
El equivalente de “On the road” para las huestes Taringueras, suficiente para jubilar a los de Frankfurt y su vieja charla sobre la Industria Cultural, el primer documental 2.0 (y tal vez el único documental político con predicamento posible en nuestra era)… genuinamente cine del futuro. Y cine del mejor, si cabe alguna duda.

“Hadas y duendes” (2009) – Dir. Homero Cirelli


Un interesante ensayo visual sobre las naturalezas y sus continuidades, sobre el equilibrio que adquieren en el tenue espacio de la memoria.
Cirelli propone con “Hadas y duendes” -en una apuesta mucho menos convencional que sus anteriores films, pero sin romper con lo que ha denominado "Cine del cuelgue"- un caleidoscopio fenomenal para descubrir los estados mentales que se entretejen en este mundo.
Hay que verla. (Y mejor, si como en el BAFICI, precedida por el genial corto de Lisandro Alonso y su Buho).

“Encarnaçao do Demonio” (2008) – José Mojica Marins


Una sorpresa total, la función de trasnoche de lo que esperaba fuera un festín de gore berreta, resultó ser el bizarro cierre de una trilogía a cargo de un auteur del horror clase B –casi un Orson Welles de esos pagos, como dijera sin exagerar Santiago Espinoza.
En la proyección más concurrida a la que asistimos, “Encarnaçao do Demonio” reveló más de un tesoro cinéfilo a los osados espectadores. Excesiva desde el primer fotograma, el destilado del horror más vintage, de Polanski, Oswald de Andrade, del sadismo excéntrico de escuela Hostel/Saw, de Fellini, la provocación Buñueliana, de infumables diálogos alambicados y lentísimos, y de toques de neorrealismo favelístico (con sacerdotisas santeras y policías corruptos) da por resultado una película capaz de engullirlo a uno y provocarle más de una pesadilla. Casi una iteración “de alto presupuesto” del caro tío Jess Franco.
Conociendo la pasión avant-la-letre del provocador Mojica Marins, cuesta mantener los ojos en la pantalla ante tanto castigo, pero la diversión la asegura un humor mucho menos infantil que el de Alex de la Iglesia –cortado en seco por raptos de acción que no dejan de ser, retorcidamente, cautivadores– y por los ostentosos manierismos de Ze do Caixao (el mismo Mojica Marins), nunca del todo serios y nunca del todo digeribles; y, todo hay que decirlo, de tanto en tanto también aburridores.
Con un paseo por el infierno, un personaje que casi y se llama “Satanás” al revés, sacerdotes masoquistas, policías tuertos, minas en bolas, sexo post mortem, las clásicas uñas kilométricas de Ze do Caixao, flagelaciones diversas, blasfemias a raudales, venganzas de ultratumba y un derroche de crobo rojo rojo, la obra de Mojica Marins, sin ser genial, alcanza para cotizar entre las mayores de ese cochambroso subgénero del terror que va del gore al culto más trash. Cine siniestro y anormal para estómagos (y retinas) resistentes.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Más respeto por el viejo Theodor Wiesengrund Adorno, por favor.

Quiero ver "Mamachas en el ring". Pero YAAAA

[jf]

El cuervo dijo...

:
denle nomas al maistro de HCF! contal harto hay pa suplantarlo
che javier muy lindo esto!!!
hubiera venddo una pierna poa estar con uds ahi
abrazones

Javier Rodríguez dijo...

Ciertamente soy más de Adorno que de Benjamin, pero "Rip!" deja claro que el tiempo que ha pasado desde que se escribieron esas cosas, ha pasado de verdad.

Che, Fernando, era que vayas. En serio, mucha mucha cosa. A ver si la próxima (¿Qué banda irá a llegar? ¿O te animas a ver al Indio en Salta, en septiembre próximo?). Ya te mando lo del Terranova.

Ah, y "Mamachas" no es tanto la gran cosa. Entretenido, sí. A ver si lo encuentras por ahí JF, o sino habrá que esperar a su estreno en Bolivia.

Abrazos a todos y gracias por la visita.

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